PODER Y SOBERBIA. Pienso, luego escribo / Por Akiles Boy*

Las doce y media de la tarde, un sol radiante inundaba el pequeño pueblo. A esa hora mucha gente circula por las calles que rodean el mercado, orgullo de la arquitectura de aquellos tiempos de Don Miguel. Es uno de los sitios más idóneos para los que quieran socializar. En sus pasillos es común encontrar a familiares, amigos y vecinos  que van a comprar frutas y verduras frescas, carnes y otros comestibles. También turistas y de la localidad que acuden a comer a las fondas y cocinas económicas, de buen sazón, que se alojan en los alrededores del centro de abasto. Un fin de semana cualquiera.

Me dirigía a la tortillería, caminaba exactamente frente al mercado por la calle Lerdo, ensimismado en los pensamientos de siempre, en las preguntas existenciales, sobre mi situación y la del mundo en que nos tocó vivir o padecer, cada uno tendrá su respuesta. Fije mi vista al frente, en la esquina de la calle, que se cruza con la que lleva el nombre de Santos Degollado, había un tremendo alboroto, muchos lugareños observando la escena del incidente.

Llegando al sitio, con la mirada hice un recorrido, el evento había atraído a transeúntes curiosos, que atentos seguían los movimientos y alegatos de los protagonistas. Se trataba de un incidente menor de tránsito. Resulta que un auto estacionado en un área restringida, precisamente en la esquina de esas dos vías, para continuar la circulación por Santos Degollado, había sido impactado ligeramente por alcance en la parte trasera izquierda, casualmente por un auto grúa. Las dos unidades quedaron quietas, mientras se veía accionar la cámara del celular del Agente de Tránsito, seguro para tener evidencia.  

El tráfico se paralizó y empezaba a escucharse el sonido perturbador de los cláxones, que exigían continuar la circulación. Solo me pare unos instantes en el lugar de los hechos. Los presentes cruzaban comentarios, unos a favor y otros en contra del propietario o conductor del vehículo mal estacionado. Un señor bien vestido de más de sesenta años, que empeñosamente argumentaba en su defensa, a los otros dos protagonistas del caso, el joven conductor de la grúa y el Agente de Tránsito.

No tarde mucho en identificar al supuesto afectado y furioso defensor de sus derechos, que en forma inequívoca, había dejado su auto en lugar prohibido. Con enfado y desencanto deje atrás el suceso y seguí a mi primera escala. Ya de regreso con las tortillas, que disfruto mucho hasta con guacamole, atravesé la calle para llegar al mercado. Entonces afuera de éste, de entre las personas que miraban el borlote que se había armado, una señora, más o menos joven, exclamó con voz fuerte, “¡ Hey!,  tú de Tránsito, le vas a hacer caso al señor del carro, solo porque lo ves rico.”

Las palabras retumbaron en mi cabeza y me obligaron a la reflexión. ¡Si supieran que ese señor finamente ataviado y además, a todas luces,  infractor de la Ley de Tránsito y Seguridad Vial, era nada menos que un Diputado Federal por el Distrito de Xalapa!, ahora con curul en el Congreso de la Unión, gracias al partido político en el Poder. Antes fue Alcalde de ese municipio por otro partido de izquierda. El desenlace del caso cada uno se lo puede imaginar. Queridos lectores, esta pequeña crónica es también un trabajo presentado en el Diplomado de Periodismo que brindan, la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana, en coordinación con la Comisión Estatal para la Atención y Protección a Periodistas. Hasta la próxima.            

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

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Publicado por

Revista Los escribas

Noticias, Cultura y Sociedad

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