ROSTROS SABIOS Y CORAZONES FIRMES / Maricarmen Delfín

El cincel ideal para esculpir a la humanidad como una bella obra de arte es la educación, es el agua que riega el surco de la inteligencia, en el cual se aloja la semilla de la sabiduría esperando germinar para nutrir las venas portadoras de la sangre nueva responsable de colorear el cuerpo de la sociedad.

En nuestro país este concepto ha sido valorado desde nuestras raíces prehispánicas en su justa medida, los pueblos de Mesoamérica estaban conscientes de la importancia que merecía la formación de sus niños y jóvenes para alcanzar una sociedad exitosa en todos sus aspectos. Como hasta nuestros días, las diferencias y  las clases sociales determinaban cómo se educaría cada sector por lo que había escuelas para las clases altas y para los sectores populares, diferenciando también la formación de los hombres y de las mujeres.

Todos los niños asistían a las escuelas, la enseñanza era un derecho y una obligación comunal reforzada por sus creencias religiosas; los niños iban a trabajar y también iban a educarse. La función principal de la escuela era el culto a los dioses con aspectos prácticos y mundanos, el canto y la danza eran consideradas actividades elevadas de adoración religiosa. La transmisión de la historia era también un aspecto importante en su formación.

El Calmécac era la escuela para la nobleza, donde se les enseñaba historia, astronomía, música, filosofía, religión, la medición del tiempo, higiene, economía y funciones de gobierno, pero principalmente valores morales y disciplina ya que era el sector de la sociedad destinado a gobernar; a estas escuelas asistían los hijos de  los gobernantes, senadores, jueces, sacerdotes, maestros y guerreros.

El Ichpochcalli era la escuela para las mujeres de clase noble que aspiraban a convertirse en sacerdotisas; a los cuarenta días de nacidas eran ofrecidas a los dioses por medio de los sacerdotes, después se les devolvían a los padres para su crianza hasta los ocho años y a partir de esta edad regresaban al templo para convertirse en sacerdotisas.

Telpochcalli era la escuela para el pueblo, ubicadas en cada uno de los calpullis o barrios, donde asistían los hijos de los plebeyos (los Macehualtzin) a  educarse para servir a su pueblo y a la nobleza, además aprendían diversas habilidades para la guerra principalmente, los niños desde muy pequeños participaban en combates. Los padres heredaban a los hijos el conocimiento de los oficios y profesiones exigiendo el estricto  desempeño.

Las mujeres prehispánicas eran educadas por sus madres en la casa, sobre las labores domésticas y los valores morales apoyadas en el Huehuehtlatolli o libro delos Testimonios de la Antigua Palabra. Además podían asistir a las Cuacallis, escuelas mixtas especializadas en la enseñanza de canto y baile para el culto religioso, entre otras actividades.

El temachtiani o maestro náhuatl, contaba con dos atributos principales: por una parte “hacer que los alumnos tomen un rostro, lo conozcan, lo desarrollen y lo hagan sabio”, y por otra “humanizando el querer de la gente  haciendo fuertes los corazones”; esta era su misión dentro del mundo indígena: dar sabiduría a los rostros ajenos para que se vuelvan cuerdos y cuidadosos.

Esta era la filosofía de  la educación prehispánica náhuatl,  que se recoge de manera explícita en un texto de fray Andrés de Olmos: “Comenzaban a enseñarles: cómo han de vivir, cómo han de obedecer a las personas, cómo han de respetarlas, cómo deben de entregarse a lo conveniente, lo recto, y cómo han de evitar lo no conveniente, lo no recto, huyendo con fuerza de la perversión y la avidez.

Todos allí recibían con insistencia: la acción que da sabiduría a los rostros ajenos (la educación), la prudencia y la cordura”.

En este texto se aprecia claramente el objetivo de la educación indígena, con un concepto fundamentalmente moralista encaminado a formar hombres y mujeres con valores morales y además exaltando las virtudes como ciudadanos productivos y responsables, desempeñando con dignidad el papel que les tocaba dentro de su sociedad.

Otro texto nos habla sobre los artesanos: “El amantécatl, artista de las plumas, nada le falta, es dueño de un rostro y un corazón”.

Sobre los comerciantes:

“Un rostro que sabe hacer que las cosas se logren…y un corazón recto, un corazón respetuoso de Dios”.

 Y sobre el hombre maduro como máximo ideal en su cultura: “Un corazón firme como la piedra, resistente como el tronco de un árbol; un rostro sabio, ser dueño de un rostro y un corazón.”

Fray Bernardino de Sahagún recopiló varios textos donde detalla  la formación de los jóvenes, explicando lo que se les educaba y como se formaba en ellos el concepto de  “rostro y corazón”. Un fragmento del Códice florentino describe la enseñanza desde las labores más sencillas como recoger leña, ir a buscar puntas de maguey, barrer, limpiar entre otras actividades, para fomentar en los estudiantes el sentido de obligación y de responsabilidad dando una voluntad firme a sus corazones.

El mismo texto describe la formación de los “rostros sabios” con la instrucción intelectual: “Se les enseñaban cuidadosamente los cantares, los que llamaban cantos divinos; se valían para esto de las pinturas de los códices. Les enseñaban también la cuenta de los días, el libro de los sueños y el libro de los años (los anales)”.

Finalmente tomaremos un pequeño fragmento del Huehuehtlatolli, recopilado porfray Andrés de Olmos: “Cuando han comido comienzan a enseñarles: a unos cómo usar las armas a otros cómo cazar, cómo hacer cautivos en la guerra, cómo han de tirar la cerbatana, o a arrojar la piedra.Todos aprendían a usar el escudo, la macana,

cómo lanzar el dardo y la flecha mediante la tiradera y el arco. También cómo se caza con la red y cómo se caza con cordeles. Otros eran enseñados en las variadas artes…”

He querido citar textualmente porque considero el contenido original de suma belleza como la palabra viva que nos convida a sentir aquella filosofía, que fue parte fundamental en la formación de nuestras raíces, mostrando el concepto que estos pueblos tenían acerca de la educación basada en valores y estricta enseñanza de su cultura. Parte importante de esta estructura eran los maestros, responsables del buen funcionamiento de tan bien estructurado sistema educativo prehispánico, pues debían ser estrictos y firmes en sus convicciones, formadores en valores y conocimientos.

En la época actual el maestro sigue siendo una figura importante en la vida de los estudiantes, desde el preescolar hasta el nivel profesional, de él depende el futuro de sus alumnos a la par de la formación en el hogar. Todos tenemos en el recuerdo a los maestros que influyeron en nuestra vida en la etapa escolar, algunos de manera positiva y otros no tanto pero siempre aportando algo para nuestra formación. El magisterio es una profesión noble cuando se ejerce con vocación y amor, entregando el corazón en cada letra y el alma en cada sesión, tomando el papel de los padres cuando se requiere, ofreciendo su amistad cuando la necesitamos.

! Muchas felicidades a los responsables de los rostros sabios y los corazones firmes!

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