Feliz día del niño / Por: Edgar Landa Henández

“El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños”

-Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos será el reino de los cielos-

Una vez más visito a mi madre. Después de una soberbia comida, a punto estuve de estallar, solamente queda de muestra un enorme ombligo que asemeja un botón de radio.

Y vaya que dejarse consentir por mi madre es un deleite, en cuanto a sus artes gastronómicas se refiere.
Y ansiosamente llegamos a donde resguarda sus tesoros, sus alegrías y sus quimeras; “su álbum fotográfico”

la respiración se agita en torno a cientos de impresiones que datan de muchos años atrás, más de lo que uno se imagina, y resurge la melancolía y sobre todo la remembranza de aquellos niños que hoy han quedado atrás, tan solo resguardados en la coraza de la híper seriedad en un molde llamado ADULTO.

Miro a mi madre, su rostro cambia, su sonrisa ilumina y yo, yo ahí asombrado de la excelente memoria que aún tiene, datos, fechas, nombres y un sin número de detalles que hoy son parte de su acervo histórico.

¿Qué es lo que veo? Rápidamente saco de una de las hojas del álbum y miro, un suspiro sale abruptamente y reinicia el viaje al pasado. ¡De pronto! me miro cuando era yo un párvulo, que a la custodia de la mano de mi hermano mayor, óscar, me llevaba de la mano con la plena seguridad que no me pasaría nada
¡ay qué tiempos por vida de dios!

–Mira- Me dice mi madre,
y juntos sonreímos, esta vez una estampa meramente infantil, aproximadamente tendría yo 2 años y mi hermano Raúl uno, eran los tiempos aquellos en el cual dentro de un pequeño cuarto vivíamos de una forma sin igual.

Proseguimos con nuestro viaje, fotos diversas, de mis primos, de la tía marina que tanto sufrió en sus últimos años. Mi abuelita que en paz descanse. Y surge una imagen sin igual, mi pequeño hermano Adán, el que con su polifacética mente ha hecho resurgir las matemáticas de una forma sin igual, el que ha visto a través de la fisicomatemática una herramienta dentro del mundo de la medicina para ayudar a los débiles visuales.

Aun me parece verlo cuando defendió su proyecto en el cual a través de una gota de sangre podía detectar el cáncer de piel, por medio de la foto electroscopia acústica.

Me llevo las manos a la cabeza y agradezco, por tener la dicha de aprender de ellos, todos diferentes, pero con un mismo denominador, un excelente corazón y calidad de seres humanos.

¿Será acaso porque dentro del cuerpo de mis hermanos aún sigue latente ese niño que sigue vivo? Son los niños una gran escuela de vida que me deja múltiples lecciones. Jamás nos faltaban motivos para sonreír, teníamos en el amor de nuestros padres el argumento exacto para ser felices.

Hacíamos en nuestras travesuras que cada minuto vivido valiera la pena.

El tiempo llegó a su fin,deseando a todos aquellos que se nos ha olvidado que alguna vez fuimos niños, qué nuevamente recobremos el sentir de la infancia, dejando el ego atrás que tanto daña a los adultos.

Hoy en el día del niño, ten una excepcional visión de la vida y sueña con un mundo mejor, tal como lo hago yo.

¡Feliz día del niño!

Se los recuerda su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

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