La patria verdadera / Por Alberto Calderón P.

La risa franca y sincera, las fuentes, los parques, los árboles en primavera, corretearse, compartir cualquier comida con los amigos, disfrutar del amanecer, seguir el aroma de la comida que proviene de la cocina cuando después de jugar nos acercamos a ese lugar sagrado a saciar nuestro apetito, las primeras lecturas que permanecen, no importando el paso del tiempo, las canciones infantiles inculcadas y las que escogimos por gusto sirviendo de compañía en la infancia y los primeros años de juventud que seguimos tarareando cuando regresan a la mente, los momentos felices con nuestros seres queridos, el recuerdo de los primeros viajes, si los hubo o de situaciones diversas. Lo más hermoso de nuestras vidas, es el recuerdo de la patria verdadera.

También existe el hambre, las necesidades, la pobreza, el avenirse a lo que se tiene, el ser feliz jugando con una rueda, o con una muñeca incompleta, haciendo de una caja de zapatos el auto más veloz, compartir una ración de comida escasa, dejar al final un diminuto trozo de carne como un suculento manjar llegado el día inesperado para ser saboreado con todos los sentidos, no importando las desavenencias cuando la risa y la felicidad se queda para disfrutar la infancia, cuando no importan los himnos, ni el ondear de las banderas, las declaraciones de los políticos, esa es la patria de la infancia, la patria verdadera.

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