Historia de un cartero / Raúl Silva


Era muy joven, las oportunidades de empleo eran raquíticas, en su pueblo, ya había trabajado de paletero de la calle, de “gritón”, sí, tenía qué gritar: ¡Yuriria, Valle, Irapuato, Leóóónnnn!, o Acambaro, Acambarooo! en la terminal de autobuses. También había desgranado maíz, donde le pagaban a dos centavos el cuarterón cuando apenas tenía unos añitos.
En el correo, había una convocatoria para estudiar la carrera de Agente Postal Ambulante, el joven se entusiasmó y al seguir leyendo de inmediato se desilusionó porque no daba el perfil.
El aspirante tenía que haber sido cartero y tener experiencia en clasificar cartas de la zona geográfica del estado.
El cartero del pueblo era ya una persona mayor, amigo de su padre y se tenían mucha confianza. En una ocasión el cartero, entregó una carta en la pequeña tienda de su padre y sintió un desfallecimiento y le dieron un poco de agua con tantito bicarbonato. El cartero platicó que ya había recorrido todo el pueblo y estaba por cumplir la jornada.
Al despedirse tomó la gran bolsa de cuero con las cartas y paquetes que aún le faltaba por entregar y le costó trabajo cargarla. El 
padre ordenó a su hijo:
—Ayúdale con esa bolsa hasta que termine de trabajar.
El joven obedeció y se echó al hombro la bolsa. No estaba tan pesada para él.
Juntos hicieron el recorrido que faltaba y el cartero le decía al muchacho:
—Fíjate en el número del sobre y entrégala. 
El chico lo acompañó hasta la Oficina de Correo y le dijo:
—Don Manuel, si quiere yo vengo mañana y le ayudo con la bolsa.
—¿De verdad lo harás?, pídele permiso a tu padre.
El muchacho llegó muy puntual y recorrió todo el pueblo y él entregaba las cartas. El viejo cartero le recomendó:
—Aparte del número pregunta al entregar la carta el nombre del destinatario.
Así siguieron hasta que el Jefe del Correo autorizó al muchacho a entrar de meritorio y a aprender a clasificar las rutas de entrega.
El Jefe vio que el muchacho aprendió no sólo a clasificar las rutas del pueblo sino las geográficas del estado. Le permitió aligerar la carga de trabajo al viejo cartero dividiendo las zonas y así nació un nuevo cartero.
El chico, llegaba muy rápido de su ruta y le dió una oportunidad de ganar un poco de dinero destinándole una bicicleta para llevar las “entregas inmediatas” y como no era empleado del Correo, al viejo cartero le ponían en la nómina dos o tres horas de horas extras y ese dinero se lo daba al muchacho.
Al muchacho ahora lo mandaban a recoger los costales de correspondencia al tren y como era muy temprano esa tarea, le permitían llevar la bicicleta a su casa y ya casi era como de su propiedad.
Estaba siendo vertiginoso su ascenso en las tareas recomendas que pronto daría un salto su encomienda en la estructura del Correo, sin tener la edad ni el nombramiento oficial.
Agente Postal Ambulante, lo que siempre había deseado…. El muchacho tuvo mucha suerte, primero, porque pese a que en su pueblo no había muchas oportunidades de trabajo y que de una manera fortuita hubiera ingresado a las Oficinas del Correo, sin tener la edad requerida para una plaza, fuera aceptado a realizar tareas propias de un empleado oficial, básicamente por el empeño que puso en comprender y aprender las acciones que desarrolla un empleado postal. Conoció toda la nomenclatura del pueblo tanto de calles como de personas. Este hecho fue determinante para el buen desempeño y hasta para ser respetado por todo género de personas. Se hizo muy conocido, cuando antes, sólo lo conocían un puñado de personas.
Al principio le pareció desagradable que lo discriminaran sus compañeros del futbol con insultos crueles diciéndole que un cartero era un alcahuete del pueblo, como si fuera una Celestina de las relaciones amorosas de los amantes. El chico no les mostraba su enojo, por el contrario, usaba su inteligencia emocional y les decía:
—“Sí, soy un alcahuete, pero muy discreto. Favorezco a muchas de sus novias, nunca les diré a ustedes quiénes les escriben con sobres perfumados” Los “amigos” lo pensaban mejor y dejaban de molestarlo.
Pero a él no le importaban los diretes, porque los compañeros de trabajo lo admiraban porque en poco tiempo ya supiera clasificar correspondencia, supiera distinguir los timbres postales entre los ordinarios con los de entrega inmediata, los aéreos y los registrados o los de seguros postales. 
Le valió mucho conocer las actividades que se efectuaban en el correo de “La Lagartija”, como se le llamaba al tren que venía de Uruapan y llegaba a Empalme Escobedo. Un día, lo mandó pedir el Jefe de la Estación para llevar unos documentos importantes para entregarlos personalmente. El Agente Postal Ambulante del tren al que ya conocía le dió mala espina que un joven se y hiciera cargo de documentos valiosos y llamó por radio al Jefe de las dos estaciones, la emisora y la receptora para ratificar si el chico estaba calificado para tal efecto. Ratificado.
Durante el trayecto que duraba cuatro horas de ida y cuatro de regreso, el chico le preguntó: 
—¿Le puedo ayudar a cerrar los costales por zona? Y el Agente contestó:
—¿Sabes las rutas?
Sí señor, lo hago todos los días.
—Etiquétalos, los reviso y si están bien los cierras.
El muchacho lo hizo tan rápido que el Agente se sorprendió. Revisó que todas las estampillas nuevas ya estuvieran canceladas con el sello entintado y clasificadas. Los paquetes de cartas atados por zona y apartados de acuerdo a la próxima estación y encostalados.
Se oyó un lacónico “ciérralos” como si el sujeto tuviera las mandíbulas apretadas.
El joven sentenció:
—Próxima estación, Tarimoro, señor.
El Agente revisó la etiqueta, que fuera el próximo lugar de entrega, que el marchamo de plomo sellara los cordones que ataban el costal y nuevamente, gritó:
—¡Adelante! (Y agregó), “compañero”.
Y así estación por estación, hasta llegar a Empalme donde el chico entregó los documentos lacrados. Bastaron tres minutos y el joven ya había regresado al vagón-correo. De regreso el viejo Agente recomendó al joven para ser su posible reemplazo.
Así había nacido un nuevo Agente Postal Ambulante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.