“Tiempo de Transformación” / cuento de Edgar Landa Hernández

Coatepec ver, pueblo mágico del estado de Veracruz. 30 de marzo del 2019.

4:45 pm. Una chica grita que le han robado. Desesperada pide ayuda.

La gente a su alrededor se espanta, se hacen a un lado. Me impresiono y corro en una frenética huida. Me confundo entre los paseantes del parque principal. Esquivo personas, vendedores de globos y artículos para niños.

Otros dos jovenzuelos hacen lo mismo, llevan en sus espaldas, cada uno una mochila negra que impide ver lo que ahí guardan. Corren atemorizados por el suceso anterior. Todo es confusión en el parque. Un caos. Los gendarmes apresuran sus pasos en busca de los malandrines, corren y tratan de detenerlos, con sus silbatos silban con todas sus fuerzas, los mozalbetes rápidamente se internan entre las calles dejando atrás a los guardianes del orden que ya nada pueden hacer, se dan por vencidos.

La chica llora desesperadamente y explica que le han robado su bolso. Y junto con él, la tan anhelada quincena producto de su esfuerzo, que recién había cobrado. Su paseo se convierte en tragedia. Sus familiares la abrazan y le expresan su cariño otorgándole un abrazo. Tratan a toda costa que esté  bien. El paseo se arruinó. La inseguridad ha cobrado una víctima más para las estadísticas. La gente recobra la normalidad, los puestos de churros nuevamente lucen abarrotados. Así como las nieves del kiosco. El payaso continúa  su acto y los niños ríen sin cesar. ¡Aquí no ha pasado nada! La función prosigue.

Camino ya sin miedo. Observo para todos lados, el reloj de la iglesia marca las 5:00.pm.

Sus enormes manecillas dan cuenta de ello. El calor disminuye, no así mi respiración. La escena anterior de la chica me infringió temor, Miedo. Un airecillo se estampa en mi rostro. Las ramas de los árboles antiguos que yacen inertes en el parque se mecen de un lado para otro. Quizás el clima pronto va a cambiar. Todo en esta vida cambia. Huele a lluvia.

Cambia el día, cambia la noche, todos cambiamos. Prosigo deambulando en las calles concurridas, entre casonas antiguas que han sido testigos de tórridos romances bajo la luz de la luna. En empedradas callejuelas marcadas por el destino como paso obligado evocando recuerdos y concretando sueños truncos. Mis pasos ahora son más lentos, muy marcados. Aletargados. Me detengo en una esquina para cruzar la calle, miro para todos lados, en una tienda, justo en la esquina de la pared; una placa que tiene inscrito el nombre de la calle.” Calle 5 de mayo” y su respectivo código postal. Un tipo bonachón, moreno se ve a lo lejos micrófono en mano promocionando algo. Su voz no se aprecia tan clara. La intriga me atrapa y me dirijo hacia donde se encuentra el tipo. Entre más cerca más nítida, el tipo robusto, ataviado con una playera blanca y un pantalón negro prosigue haciendo la invitación. Me ve, sonríe. Con una voz jovial me conmina a que pase al interior del recinto donde se encuentra difundiendo el evento que pronto se llevará  a cabo ahí adentro. En la entrada principal: un colorido negocio de comida rápida. Me percato por el delicioso aroma que se trata de las pizzas “Domino´s. El apetito se abre y mis tripas le secundan. Espero unos segundos mientras el peso de mi mochila hace que se me cuelgue sobre mi brazo, a punto de caer. La acomodo en un rápido movimiento y prosigo adentrándome en aquella casona acondicionada de una forma que el visitante sonríe y busca entre las sillas una que mitigue el cansancio para saborear el rico y delicioso café que ahí mismo venden. El lugar es muy amplio. Huele a colonial sus vastos jardines, así como la ornamentación lo hacen ver más elegante. Aunado a sus arcos, provistos de balaustras que le ponen el sello característico digno de un pueblo mágico. Justo en medio de la casona vendedores diversos. Unos venden prendas de vestir de Dubái, lo dice el mismo vendedor que se expresa en español de una manera graciosa. Mientras que un par de mujeres hermosas me invitan a degustar sus postres artesanales que ellas mismas preparan. Otra chica ofrece bebidas naturales de leche preparada con fruta y un poco de alcohol, llamados “toritos”. La paz vuelve a mí ser. Sonrío y me asombra ver a un grupo de mujeres de la tercera edad, mujeres emprendedoras activas mediante el estambre y las agujas confeccionando sus propias prendas de vestir. De nuevo una chica me ofrece sus productos. Y al fondo de la edificación, justo donde se encuentra una buganvilia, un foro de aspecto romántico. Una carreta elaborada a base de madera pone punto final a la excelente ambientación pintoresca. Un tipo de barba cana, con un sombrero sobre su cabeza, anuncia a un grupo de escritores que habrán de compartir algunas de sus obras, parte de su inspiración. Rápidamente me dirijo a un jovenzuelo de sonrisa carismática el costo por presenciar la tertulia. A lo que me responde de una manera educada” pásele amigo, siéntese y disfrute de estos creadores, es completamente ¡gratis! Y así lo hago para disfrutar de los creadores de las letras. El foro está bastante concurrido. Uno a uno el tipo simpático y risueño a través del micrófono da sus generales, su nombre: Alberto Calderón. E inicia presentando a sus demás compañeros. Las damas escritoras. La Profa. Elba Prior, Maricarmen Delfín, el escritor Edgar landa, así como los poetas, Juan del Ángel, Luis g. Mendoza, así mismo, un par de esposos provenientes de Misantla. Y por esta ocasión, la presentación de una artista de la poesía internacional, una singular persona, un Ángel encarnado en la silueta de una divina mujer. De aspecto frágil y apacible, a ella le denominan “El Ángel de la poesía”. Los aplausos no se hacen esperar, la emoción se desborda entre todos los asistentes. Jamás había yo presenciado algo así, es más, la lectura no se me da. Me acomodo en la silla y me siento a observar el espectáculo poético, y sobre todo “gratis”. Uno a uno cada escritor comparte sus trabajos, me dejan asombrado y me pregunto ¿de dónde les viene la inspiración? ¿A qué hora escriben? ¿Cuál es su aliciente para escribir de esta manera tan extraordinaria? Y prosigo observando, escucho, cada palabra, cada pensamiento toca algo de mí, me sensibiliza. Me siento feliz ¡Suspiro!

Al otro extremo del foro, dentro del público, una familia que dice ser de la ciudad de Querétaro y que se encuentran de paseo. También disfrutan de las lecturas.

El carismático presentador Alberto, invita a los asistentes a participar, a lo que en un gesto noble y de interés, un joven de escaso cabello se levanta y dice.-Yo lo haré -y se dirige hacia el sillón principal. El señor Alberto insta a que lea, todos intuimos que leería algo de su autoría, cosa que no fue así. El tipo calvo sonrió y dijo-yo leo lo que Uds. me den- haciendo sonreír a todo el público. Fue en ese momento que “el Ángel de la poesía, Ely Núñez y Valdés, le brindó amablemente un libro de su autoría para que el joven leyera algo de su poesía. Y llegó el turno a la bella señora, la que con dulzura tomó  el micrófono y con palabras llenas de sentimiento se dirigió a todos nosotros. Nos exhortó  a aprender, a conocer la poesía, a escucharla y sobre todo a extraer de ella el sentimiento. Ya que la poesía despierta la sensibilidad en cada uno de nosotros los seres humanos., nos invitó a ser mejores ciudadanos, a ser ejemplos no únicamente para nuestras familias, sino para todo aquel que se cruce por nuestros caminos. A ser gente que aporte y que no aparte. A ver a nuestros semejantes como a nosotros mismos. Y finalizó  con una soberbia declamación que hizo que mi ser se doblega y de mis ojos escurriera unas lágrimas. ¡Vaya manera de esta hermosa mujer de expresar lo que en su corazón rebosa!, a pesar que, como dice ella, la vida se ha ensañado hacia su persona, pero a pesar de las vicisitudes sigue avante con su sonrisa encantadora.

El evento culminó con poesía de otro escritor llamado Juan del Ángel. El tiempo se había pasado volando, los artistas se despedían, no sin antes invitarnos a acompañarlos cada sábado de 5pm. a 7pm. Ahora ya sabía yo el nombre de aquel poético lugar, “el mercadito de mi corazón”.

Salí despacio de ese lugar. Las palabras del ángel de la poesía habían calado hondo en mi ser. Su poesía y la forma en que la compartió me hicieron reflexionar. Sé que era hora de hacer un cambio.

Retomé  el rumbo y me dirigí nuevamente hacia el parque. Y justo en una acera, precisamente enfrente de la iglesia principal, en una modesta camioneta, la chica que había sido asaltada lloraba desconsolada por la pérdida de su bolso. Su madre, una viejecita ya entrada en años, la abrazaba al mismo tiempo que le decía a su hija- tranquila hija, da gracias que no te hicieron daño, bendito dios solo fue el bolso, y aún continuamos con vida. Y no pasó  a mayores, total, un mes que no tome mi medicina para el azúcar no me hará daño ¡ya verás!

¡Vamos cariño, anímate! Insistía la ancianita.

Por un instante recordé las palabras de la poetisa nuevamente, y ahora escuchar a esta mujer hizo que me sintiera como el más ruin de los hombres, me sentí un vil gusano. Comprendí que mi forma de actuar no era la correcta. Me detuve frente a ellas y les dije sacando de mi mochila el bolso de la chica.- ¿de casualidad no es de Uds. esto? Pregunté.

La chica rápidamente se me acercó y lo tomó, me dio un abrazo al tiempo que me agradecía por el gesto de devolverlo. Y sin más proseguí mi caminar, solo que ahora me sentía diferente. ¡Me sentí libre!

Y sí, todos tenemos una oportunidad de cambiar y ser diferentes, solo está en nosotros mismos querer cambiar.

Edgar Landa Hernández.

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