NUESTRA HERMOSA ENVOLTURA / Por Maricarmen Delfín D.

En esta temporada de calor se nos antoja lucir ropa ligera, un vestido precioso, aquellas blusitas de tirantes que muestran nuestros sensuales hombros y los coquetos shorts que últimamente se han puesto de moda. No podemos privarnos de un paseo por la playa o a la alberca, pero al hacerlo exponemos la piel a factores del ambiente como el polvo, la contaminación y la radiación solar; no olvidemos cuidarla y protegernos.

La piel es una membrana de coloración variable que reviste nuestro cuerpo, de un espesor promedio de 0.5 a 2 mm; con pequeños orificios llamados poros por los cuales por medio del sudor se eliminan las toxinas de nuestro organismo. También está cubierta por unos pelitos llamados vellos, que protegen la piel de las variaciones de la temperatura, del sol y del agua.

Es un órgano flexible y resistente que además de proteger el organismo, regula la temperatura del cuerpo, absorbe algunas sustancias y desecha otras, forma parte de uno de los sentidos más importantes del cuerpo que es el tacto.

La piel consta de tres capas: epidermis, dermis o corión, hipodermis o subcutánea.

Epidermis. Con cinco capas de células que van desde el interior hasta la superficie (basal o germinativa, espinosa, granular, lúcida y córnea).

Dermis o corión. Capa conectiva con grosor de 1 a 2 mm, formada por papilas flexibles que dan a la piel su elasticidad, son fibras reticulares que se localizan entre células, los vasos sanguíneos y los puntos de unión entre la dermis y la epidermis.

Hipodermis o subcutánea. Es un estrato de fibras elásticas colocadas en todas direcciones y, según sea el tipo de alimentación de cada persona, se desarrollan en ella células grasas que forman el tejido adiposo; cuenta también con numerosas estructuras, vasos sanguíneos, filamentos nerviosos, glándulas sudoríparas, sebáceas, pelo y uñas.

Todos sabemos de la importancia de proteger la piel, sobre todo de los rayos solares para evitar sus efectos nocivos como arrugas, manchas, quemaduras por rayos UVA Y UVB, envejecimiento e incluso cáncer. El uso cotidiano de protector solar es indispensable procurando escoger el que contenga mayor factor de protección.

Décadas atrás las personas vestían con ropas y accesorios, como sombreros y sombrillas, que los cubrían y protegían del sol, no existían protectores solares químicos y se sabía de pocos casos de cáncer de piel. Además evitaban asolearse al medio día, comían de una manera más saludable con alimentos reales que le proporcionaban vitaminas, minerales y antioxidantes necesarios para proteger la piel. Debemos saber que se puede mejorar la resistencia a los rayos solares a través de cambios en nuestra dieta, la piel es lo primero que se afecta al consumir demasiados alimentos procesados, es conveniente comer frutas y verduras de temporada, semillas y granos con poco almacenamiento y tomar agua natural.

Algunos aceites que protegen la piel de forma natural son: de semilla de frambuesa, de semilla de zanahoria, de germen de trigo, de sésamo, de coco, de cáñamo, de aguacate, de soya, de maní y manteca de karité.

El cuerpo está protegido y celosamente guardado como el mejor tesoro del universo por el fino manto de seda que es la piel, por eso debemos cuidarla y mantenerla cada día en óptimas condiciones ya que es nuestra hermosa envoltura.

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