Neblina / Por Alberto Calderón P.

La nube bajó para posarse en el patio central, imperceptibles gotas se adherían a los muros, los musgos complacidos se alimentaban, las flores brillaban en el corredor, al fondo salía de las hojas de la libreta de “Charito” el sufrimiento de una niña en una noche oscura quien junto a sus hermanos recorrían por el monte una larga travesía, llevando como guía a su abuela, cada vez que una gota caía sobre la bugambilia parecía asentir estando de acuerdo con el poema que abandonaba el cuerpo de Luis para obsequiarlo por un aplauso a los presentes. Unas palabras eran cercanas otras venían de un recorrido lejano para estar presente en la tarde, abriendo sus manos ofrendó la reflexión de todos los viajeros, sus pensamientos, sentir, el recorrido entre la naturaleza así lo expresó Maricarmen, la voz de Amado Nervo entró por los oídos de los curiosos que veían las artesanías para quedarse dentro de su pecho, la mesa de centro le hizo recordar a Alberto las mesas de los comedores en las casas donde en su piel se rompen vasos, el líquido se derrama, tiene cicatrices de mil batallas; a su alrededor se toman decisiones trascendentes, sienten la pluma de la tarea, el trabajo o la creación. Así transcurrió la tarde en la casa número cinco del centro de Coatepec, paró el frío entre las voces de la tertulia y regreso cuando ellos se fueron.

Alberto Calderón P.

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