La lección de Yalitza / Por Édgar Landa Hernández


El nombre y la figura de Yalitza Aparicio ya son muy conocidos, no solo en México sino en todo el mundo. Después de ser una modesta educadora en su tierra natal, dio un salto a la fama en un llamado “golpe de suerte”, “bendición” o como Uds. le quieran llamar. Hija de padre mixteco y de una madre triqui, Yalitza,de 25 años de edad, a través de sus cátedras preescolares compartía sus enseñanzas con pequeñines del estado de Oaxaca. Con nula experiencia en la actuación esta bella chica de tez morena optó por decidirse a participar en un casting, únicamente con las ganas y sobre todo en la propia confianza en sí misma.
La lección que nos deja esta chica es vasta y sobre todo aplaudible. Para que alguien pueda crear o hacer algo diferente es necesario creer en sí mismo. Dejar atrás las voces negativas del “no vas a poder” “estás fea no tienes oportunidad” “mírate, solo eres una más del montón” La autoestima elevada de esta joven oaxaqueña la catapultó a la fama. Su decisión de participar y resultar elegida le dio el ansiado papel que ella tenía en su mente. Yalitza sabe lo que es, de dónde viene, no olvida sus orígenes, al contrario los tiene muy bien arraigados al desenvolverse de una forma por demás sencilla y llena de humildad.
La lección que nos deja de manifiesto esta agradable pequeña es maravillosa.
Cuando comprendemos que en nosotros mismos existe un ser sagrado se encuentra uno a la identidad verdadera, e inmediatamente llega la inspiración, la toma de decisiones se centra de una forma sensata, se armonizan los sentidos.
La manera de tomar la oportunidad de Yalitza, fue la idónea, fue la que su corazonada le brindó, hizo de una modesta tarea ¡una obra espectacular! a tal grado de ser la portada de varias revistas de fama mundial.
Yalitza posee lo que muchos hemos perdido ¡el espíritu optimista!, la alegría de la vida, no importa si las cosas no salen bien, la vida es continuar luchando hasta que los resultados sean tales como los imaginamos en nuestros sueños.
La lección que todos los mexicanos aprendimos es que cuando se reconoce que existe una fuerza mayor nuestro espíritu transmuta, se observa desde otra perspectiva y se descifra el gran lenguaje del amor que viene en símbolos y señales.
Mis respeto y admiración a esta joven de raíces indígenas que con tan poco nos enseñó mucho. Hoy Yalitza ha grabado su nombre y ha trascendido en un lugar que difícilmente se olvidará.
Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa
Edgar Landa Hernández.

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