Crónica de una breve visita al mundo Maya / Por Alberto Calderón P.

Un ruido extraño por la fricción surge de la serpiente de asfalto abriéndose paso en la selva peninsular, los peregrinos van en busca de Chac-Mool que paciente espera la ofrenda, el llegó de los territorios toltecas a fusionarse con la cultura Maya, humanos inquietos montados en sus corceles metálicos de ruedas negras giran en pos de los vestigios ancestrales. Muchos turistas que viajaron desde muy lejos, recorren la explanada tomándose fotografías con la emblemática Kukulkán tras ellos, donde baja en los equinoccios Quetzalcóatl, hoy no lo hará, los mexicanos deambulan tratando de atrapar el tiempo llevándose un recuerdo, el sol abraza a todos, el viento sopla, los sombreros ruedan, los turistas corren tras ellos, antes en este lugar también  se hacia un electrizante juego de pelota entre dos equipos, el más antiguo juego de conjunto registrado por la humanidad. Con la mayor cancha que se conozca en Mesoamérica, de 70 metros de ancho por  170 a lo largo con una pelota de hule de hasta cuatro kilos que hacían rebotar con su cadera no permitiendo  que cayera, en su cosmogonía representaba el sol. Un recorrido en el tiempo y el espacio, larga caminata al cenote sagrado de 60 metros su diámetro y la altura de casi veinte, ahí la belleza de las doncellas era acompañada de piedras preciosas y orfebrería de oro antes de ser arrojadas como parte de las ofrendas a los dioses, los saqueadores enterados de la riqueza oculta en el fondo fangoso, rompieron los eslabones del conocimiento histórico, muchos vestigios se esparcieron en colecciones particulares, principalmente en los Estados Unidos, la ruta al sitio ya no es entre la enramada de un camino casi oculto y otro más  íntimo transitado por los líderes reinantes que sale de la base de la pirámide principal recorriendo la distancia por un pasaje subterráneo, ahora se llega al lugar caminando en medio de los artesanos instalados en un corredor, a los costados sus vendimias dan a la ruta y entorno un sentido burdo y mercantil. En el paradero sanitario a unos metros del cenote venden coca cola, quien pensaría que la penetración comercial de este líquido negro embotellado, emblema norteamericano llegaría al pie de tan importante sitio ancestral, natural y religioso. Las iguanas en toda la superficie arqueológica transitan en un espectáculo aparte, unas pelean por el territorio en encarnizadas batallas, otras simplemente pasean entre las pirámides como centinelas. El sol hace brotar nuestras reservas de agua, es tiempo de buscar una sombra, descansar y rehidratarse.

Alberto  Calderón P.

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