Tiempo de desayuno / Por. Édgar Landa Hernández


Inicia el día y con ello llega el hambre, creo que siempre me persigue y está detrás de mí, en todas partes. Comer es algo que me causa un placer indescriptible, tanto como cuando me disfrazo de maleza y me vuelvo bosque. Satisfacer a mi estómago es algo imprescindible, no puedo dejar que pase mucho tiempo vacío, de lo contrario, permanecería todo el día con una cefalea que para que les cuento.
Siempre le he dado un lugar muy especial al desayuno. Pues es la energía que me mantendrá erguido durante toda la mañana y quizás un poco más, es el combustible a los cientos de músculos y tendones que se enmadejan a través de mi esqueleto y el cual le dan forma, aunque, a decir verdad, últimamente es redonda.
Adoro engullir los hot cakes de una manera peculiar, mirando como cae sobre ellos los hilillos que se forman al deslizarse la cajeta que a paso lento lo llegan a cubrir sin escurrirse. Y después un chorrito de lechera hasta ponerlo casi blanquecino. No soy de los que comen a las prisas, no, ¡para nada! Me gusta saborearlos, cortarlos en pequeños trozos para que el bocado no se tan grande y así poder deglutirlo de una manera más fácil.
Nunca me han gustado con mantequilla en la superficie, prefiero el sabor dulzón que me quede en mi boca después de comerlos. Jamás me hostigan.
La medida ya la sé, 4 para no quedarme con ganas, ni sobra ni falta, justo los que necesito. Ah, pero eso es solo el preámbulo a lo que ha de venir después. Y de beber no soy de los que añora la bebida odorífica de color café. No me es necesaria, prefiero ver un burbujeante vaso colmado de choco milk. Eso si llena mis sentidos y me brinda la energía que necesito.
Y mientras los paladeo, siempre llega a mi mente su elaboración, las múltiples personas que gracias a ellos hicieron todo el proceso hasta llegar a mi mesa, eso es digno de agradecer y así lo hago con cada ración de alimentos que me llevo a mi boca. Toda acción es un cúmulo de cosas para agradecer.
Jamás desperdicio, imaginas tanta gente que no tiene que llevarse a su boca, es duro eso y lo sé. Pero dejémonos un poco de sentimentalismo y prosigamos con mi carga de energía. Después de comerme mis 4 hot cakes, viene lo mejor, 4 huevos estrellados sobre una tortilla so frita y una cucharada colmada de salsa martajada, con bastante tomatito. Lo picoso no se me da, así que lo picante en menor cantidad es para darle un toque de sabor.
Y es así como finaliza la alegría de desayunar como Dios manda.
¡Barriga llena corazón contento!…
¡Hasta la próxima!
Edgar Landa Hernández…

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