PIENSO, LUEGO ESCRIBO. EL LUGAR SIN LÍMITES / Por Akiles Boy *

“El Lugar sin Límites” es el nombre de una película mexicana de los años setentas (1978), cuando empezó a asomarse una temática diferente en la industria del cine de este País, con apertura a nuevos creadores nacionales que presentaban argumentos de orientación política y social. Dirigida por Arturo Ripstein y con la actuación de Roberto Cobo, Lucha Villa, Gonzalo Vega y Ana Martín, fue ganadora de cuatro Premios Ariel. El filme se basó en la novela del mismo título, publicada en 1966, del escritor Chileno José Donoso. Con un guión del propio Director, José Emilio Pacheco, José Donoso y Manuel Puig. Según la crítica, ambientada en un México sórdido, patético y doloroso. Sin pensarlo mucho, gran cantidad de locaciones del México de ese tiempo y también del contemporáneo, se adaptaban magistralmente a la escenografía de la historia original de la obra, referida a un marginal pueblito chileno.

Cuatro décadas después, muchas comunidades mexicanas siguen demostrando que el tiempo, la evolución y el progreso no caminan parejo. Pueblos con rezagos históricos, en condiciones precarias y una vida miserable, son todavía muy comunes en la geografía de la nación. Poco ha cambiado la existencia en esos lugares, abandonados de la mano de Dios y los gobiernos ciegos, sordos y criminalmente insensibles. Pueblos con vergonzoso atraso, en donde se enseñorea la pobreza extrema y la brutal ignorancia, que derivan en la deplorable ausencia de valores morales y cívicos, y en la consecuente incidencia delictiva. Las estadísticas de esos sitios son reveladoras, padecen un alto rezago social crónico y creciente comisión de delitos.

Son lugares sin límites, la desesperanza y la patética forma de vida, hacen olvidar el respeto a la ley, las normas de convivencia y la solidaridad humana. Están a merced de autoridades y líderes tremendamente abusivos y manipuladores, son clientela segura, cautiva de políticos trasnochados y voraces que convenientemente los ven y escuchan en periodos electorales. Después viene el congelante olvido, caen otra vez en el silencio. Dejados a su suerte y a veces a su muerte. Solo recordar ese otro pequeño pueblo escenográfico de la cinta mexicana “La Ley de Herodes, o te chingas o te jodes” dirigida por Luis Estrada (1999), con la extraordinaria actuación de Damián Alcázar. Esta otra locación que continúa estando más cerca de la realidad que de la ficción.

La tragedia de Tlahuelilpan, en el central Estado de Hidalgo, merece desde luego una alta atención, pero también una profunda reflexión social. La ofensiva desigualdad en el desarrollo social de los pueblos, es un factor detonante de explosiones, cuyas llamas dejan ver con más claridad, la miseria esparcida por un sistema político corrompido hasta la raíz y un modelo económico salvaje, que aumentaron exponencialmente la pobreza en todas sus expresiones. La desesperanza de las comunidades es una fuerza impulsora de los peores actos de barbarie, de rapiña y de repudio a la legalidad. En el recuento de los daños, las vidas son las pérdidas más dolorosas, sin embargo, duele todavía más, ver un país en terapia intensiva y sin posibilidad de salir ileso. Aún con los mejores cuidados y un largo tiempo de recuperación, México tardará para revitalizarse y reconciliarse. Eso lo saben hasta los más optimistas. Hasta la próxima

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

Imagen: youtube.com

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