RASTRO DE COLOR / Maricarmen Delfìn Delgado

Sobre el tegumento de los muros descansan las imágenes de quienes quisieron dejar plasmada su memoria plagada de distintos mensajes, con tintes políticos, con voces que protestan, con afán de trascender; éstas son las más, pero hay una línea que las separa de las creaciones verdaderamente importantes impregnadas de la esencia artística que su autor imprimió al plasmarlas aquí, en las murallas que hoy el tiempo y el desconocimiento las oculta de las miradas y la memoria de los que habitamos esta ciudad.

Algunas paredes y muros citadinos quieren decirnos algo, lo han intentado durante muchos años sin ser escuchados, sin que su pétrea voz alcance a penetrar nuestros sentidos, vislumbrando el tesoro que sobre su mineralizada piel descansa en espera de nuestra curiosa mirada. El paso cotidiano frente a ellos pareciera volverlos invisibles, mudos bajo protesta, algunos ya casi agonizantes por el descuido y nuestra indiferencia.

Al igual que las huellas plasmadas en la superficie física, hay marcas que inmateriales, etéreas, que se llevan en el interior, en lo más íntimo del ser para determinar lo que somos y lo que damos como personas, reflejos de la esencia espiritual, de lo positivo o de lo negativo que se enclavó en la memoria para definir nuestra vida.

Murales en los que se plasma la existencia, con los colores más brillantes se pinta el día a día, azules con pedazos de cielo matutino, tonos rojos y naranjas salpicados por el pincel de las emociones y el amor, franjas de gris o negro parecen oscurecer el panorama que se aclara con el blanco de la felicidad, la ternura del rosa brota siempre de las risas infantiles, de las palabras maternas, de los consejos del padre.

Días con matices claros y serenos iluminan la superficie, los amigos dan los brochazos de tonos pastel a cada tarde de convivencia, el verde aparece apoyando esos planes que se pintarán en el futuro, con púrpuras marcamos las reflexiones, con visos que van del amarillo al marrón delineamos el esfuerzo continuo que nos hace avanzar, enmarcando el contorno de esta bella obra con el carmín del corazón.

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