¡Madre! / Por Alberto Calderón P.

Fue la última palabra que mencionó Marcel Proust al morir a mediados de noviembre de 1922, cuando contaba con 51 años, sus restos descansan en el famoso cementerio parisino de Père-Lachaise en donde también se encuentran los restos de Moliere, Miguel Ángel Asturias, Honoré de Balzac, Fredéric Chopin, Auguste Comte, Oscar Wilde, Jim Morrison entre una larga lista de celebridades.

Fue uno de los más famosos y reconocidos escritores, en el mundo por su obra de seis volúmenes En busca del tiempo perdido, nació en París en 1871. Su madre Jeanne Clamence, quien causo un enorme efecto en su vida, su padre Adrien, un famoso epidemiólogo, profesor y consejero de medicina en el gobierno. Marcel Proust tuvo un hermano que a la postre se convirtió en un exitoso cirujano, la infancia de Marcel estuvo cercana a el asma que lo acompañó en la vida, alérgico al polen sufría en la primavera, durante sus estudios primarios fue condiscípulo del hijo del afamado compositor Georges Bizet, dejaba de asistir a la escuela por sus problemas de salud.

En su juventud participó en la revista literaria Le blanquet, inició su meteórica carrera en el mundo social relacionándose sentimentalmente con el hijo del escritor Alphonse Daudent, estudió la carrera de Derecho para satisfacer a su padre, más no le gustaba por lo que emprendió Letras y Filosofía que termina en 1895, Gracias a su holgada posición económica frecuentaba los salones y casinos parisinos más afamados, en uno de esos sitios hizo amistad con la acuarelista Madeleine Lamiere, que a la postre fue uno de sus personajes de su extensa obra, ella logró que Anatole France prologara su primer libro de poemas que recibió fuertes críticas, una de ellas la hizo el escritor homosexual Jean Lorrain quien también afirmaba que Marcel Proust también lo era, al verse acorralado no permitiendo se ventilara su vida personal retó a duelo a Jean, no se hicieron daño a parecer ambos dispararon al aire, pero la férrea crítica le valió el no ser reconocida su obra más importante en sus inicios al considerar a Proust como un aficionado en la literatura.

Con la muerte de sus padres se aísla dedicándose totalmente a escribir, su primer libro de la colección de seis fue rechazado por un comité de lectura entre los que se encontraba André Gide quien a la postre sería Premio Nobel de Literatura en 1947, pese a ese revés Proust decide hacer lo que se llama una edición de autor, inicialmente pagó a periodistas de Le Figaro y Journal para que hablaran bien de su obra.

En busca del tiempo perdido retrata con veracidad su pasado reciente, nada de lo escrito es ficción, sólo el nombre de los personajes cambió.

El asma y sus padecimientos acompañados de fuertes dolores los mitigaba con opio y morfina, para ese momento su fragilidad era manifiesta y su mayor deseo era terminar su extensa historia, incansable trabajaba largas jornadas hasta culminar una de las propuestas literarias más significativas del siglo pasado, en 1919 recibió el Premio Goncourt y las disculpas de André Guide por haber rechazado su primer libro.

Su último pensamiento antes de partir lo dirigió a su madre.

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