Ikel y luna / Autora: Sonia

Hace mucho tiempo en un lugar no muy lejos de aquí, vivía un pequeño conejo de nombre Ikel, era el más pequeño de sus 11 hermanos, por ello era muy protegido y cuidado por toda su familia. Ikal tenía un talento oculto que no le gustaba enseñar, aunque a su familia le encantaba presumir y lo animaban a seguir preparándose para que tocara aún mejor la quena.

Ikel como buen hijo seguía el juego de “querer ser músico”, ya que no quería romper  el sueño de su familia, sin embargo, lo que él en verdad deseaba era poder ir a la luna y quedarse allí para siempre viendo pasar los cometas y contar todas las estrellas sin que nadie le dijera que tenía que estudiar música y aprenderse tal canción, sin nadie que lo molestara ni presionara, simplemente siendo él mismo, descubriendo las maravillas de allá arriba. 

Un día ya cansado de tantas imposiciones por parte de su familia decidió enfrentarse a ella y decirles que no quería ser músico. El pobre de Ikel se dio valor para expresar su decisión, con un nudo en la garganta y con el corazón en la mano, mando a llamar a toda su familia la sorpresa que se llevó fue que su familia también le tenía que decir algo muy importante. 

Sus padres fueron  los que hablaron primero, era una gran sorpresa, ellos habían hecho hasta lo imposible por arreglar una gira musical, para que fuera a enamorar a todos los pueblos con sus grandes melodías, además de que le regalaron la más hermosa quena que había visto jamás en su corta vida y en la parte de atrás estaba grabado; “Meraki” que significa hacer algo con amor y creatividad poniendo el alma en ello. 

Ikel no resistió más y gritó a los cuatro vientos que no quería ser músico y rápidamente salió corriendo del lugar lo único que llevaba entres su manos temblorosas era la quena que minutos antes sus papás con gran cariño le había regalado. Corrió tan rápido que, no se daba cuenta a donde iba ni por donde pasaba, si tiraba cosas o a alguien, lo único que quería era alejarse la más rápido posible. 

Después de varios kilómetros se detuvo para saber en qué lugar estaba y a pensar un poco en lo que había ocasionado, se dio cuenta que estaba bastante lejos de su hogar, además de que casi no conocía la lejanías ni de día, ya que no lo dejaban salir tanto, menos de noche.

Miro a su alrededor y vio un solo árbol frondoso donde seguro podría pasar la noche, no lo pensó más de dos veces y se acercó a aquel árbol, una vez cómodo reflexionó lo que hizo, no estaba seguro de volver a casa al día siguiente ni siquiera sabía si volvería a ver a su familia. Ikel estaba muy triste por su actitud, tanto así que no podía dormir. 

Al sentir tal tristeza que tocó una de las canciones que más le recordaba a su familia, la interpretó con tan intensidad que el cielo se despejó y dejó pasar la luz de la luna llena. Tocó unos cuantos minutos más y de repente escuchó la voz más hermosa que había percibido jamás, miró a todos lados y no supo de donde venía aquella majestuosa voz. 

Volvió a tocar otra canción y de nuevo escuchó aquella misteriosa voz, dejo de tocar, se armó de valor y preguntó

  • ¿Hola? ¿Dónde estás? La voz misteriosa tardó unos segundo en responder
  • Hola Ikel, si me buscas allá abajo no creo que me encuentres, estoy donde siempre has querido estar.- dijo con una voz serena. 
  • ¿Cómo sabes mi nombre? Ya no creo saber dónde quiero estar. Contestó asustado.
  • ¡oh! Pobre ikel, te contaré un secreto… espero todo el día para salir al despejado cielo y poder escuchar como tocas, lo hago desde que aprendiste a tocar esa rara flauta y créeme nunca me canso de escucharte.
  • ¿Quién eres? Pregunto Ikal muy sorprendido.
  • Te diré, si prometes creerme ¿estamos?
  • Estamos
  • Solo mira hacia arriba y me veras. Ikel no podía creerlo, estaba hablando nada más y nada menos que con la luna. Entusiasmado pensó y le dijo la siguiente propuesta.
  • Si es verdad que tanto te gusta mi música te propongo que me lleves contigo y te cantare las más grande melodías nunca ante escuchadas.
  • Ikel.- dijo con voz fuerte y dulce al mismo tiempo.- tu lugar es ahí, en la Tierra junto a tu familia no lejos de ella. 
  • ¡Oh por favor!- dijo Ikel algo fastidiado.- mi familia no entiende que no quiero dedicarme a tocar lo que quiero es estar contigo y ver todas las maravillas que existen allá.
  • Está bien, vendrás conmigo estarás unos días y si no cumples lo que prometiste te regresas ¿estamos? Dijo la luna.
  • Sí, estamos.- contestó emocionado el joven conejo.
  • Entonces concéntrate bien y repite, quiero estar donde más anhelo estar.
  • Ikel cerró sus ojos y lo repito en voz alta y cuando los abrió estaba en el mismo lugar. 
  • ¡Me mentiste Luna!- Dijo enojado
  • Ikel es ese el lugar donde anhelas estar, junto a tu familia, nunca te mentiras. 

Ikel pensó un poco y tal vez la Luna no estaba tan equivocada

  • Y ahora ¿Qué hago?- pregunto Ikel.
  • Ahora es el momento de regresar con tu familia y si quieres seguir tocando o ya dejarlo por la paz. 
  • Tengo miedo de que mis padres no quieran que regrese y de que no vuelva a platicar contigo.- contesto con los ojos llenos de lágrimas.
  • No te preocupes, tu familia te ama y aceptara que regreses con ellos, respecto a mi tranquilo siempre estaré contigo cuando toques con el corazón. Dijo con una tranquilidad y su luz se intensifico mucho más.

Fue así como Ikel no lo pensó más y empezó a correr hacia su casa, aunque recibió ayuda de su nueva amiga para regresar a casa, le ilumino el camino hasta que llego con su familia, el corazón le latía a mil por hora y pensó que no quería que regresara, cuál fue su sorpresa cuando vio a toda su familia buscándolo y preocupados.

Cuando lo vieron corrieron a abrazarlo y lo llenaron de besos, Ikel les dijo que lamentaba mucho su actitud y esperaba que los perdonara. Sus papás le respondieron que no se preocupara que lo importante es que estuvieran juntos y  que si ya no quería tocar que estaba bien ya no lo presionarían más.

Ikel lo pensó un poco y dijo que si quería seguir tocando, pero que sólo para divertirse no como profesión. Para celebrar que todos estaban juntos hicieron una gran fiesta con todas las delicias que pudieran imaginar y para terminar la fiesta con broche de oro, Ikel se animó a tocar, ya que la luna estaba en su punto máximo y fue ahí donde tocó realmente con el alma después de mucho de no hacerlo, sintió un cosquilleo en el estómago de desde pequeño no sentía.

Desde ese entonces Ikel descubrió que cuando tocaba realmente para las personas que quería él se sentía tan feliz y completo. 

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