“Alas de libertad” / Por Edgar Landa Hernández

 

Birdy) – “¿Te gustan las palomas?”
(Al) – “¿Que tienen de especial?”
– “Vuelan…”
– “¿Y que?”
– “Ya es bastante, ¿no?” (del film Alas de libertad “birdy” 1984)

Mientras el cielo se transformaba en grisáceo, dentro de la gran cúpula azul que palidecía conforme transcurrían los minutos, un sonido peculiar llamó mi atención.

Observé alrededor y cerca de la calle, donde inicia la banqueta y se une con la guarnición, un pequeño pájaro, de color amarillo y sus alas entremezclando el azul y el gris tenue, se desplomaba de fea forma hasta estrellarse con el pavimento.

Rápidamente me dirigí hacia él, su cuerpo aún se movía, pero ya muy lentamente, quizás presentía que era y fue su último vuelo. Lo tomé entre mis manos y le di calor, únicamente para que expirara.

Miré por un largo rato el diminuto cuerpo del ave emplumada, y me vino una epifanía. ¿Si supiéramos cuándo sería nuestro último vuelo, nos prepararíamos para ello? Quizás pensar en la muerte es lo menos que hacemos.

De la muerte nos burlamos, nos reímos y hasta la satirizamos. Pero siempre guardándole un debido respeto. Existe la tanatología que es un Conjunto de conocimientos relacionados con la muerte, sus causas y sus fenómenos. Creo que, aún con los conocimientos adquiridos, la muerte siempre va a dejar una estela de dolor y sufrimiento.

Y no será sino el mismo tiempo el que nos de la resignación necesaria para aligerar este trance que cada uno de nosotros experimentará en su tiempo. El pequeño plumífero extendió sus alas hasta el último minuto de su existencia.

Y así lo percibí, intentó en vano de aferrarse a la vida, pero desafortunadamente su hora había llegado. ¿Será acaso que todos tenemos los minutos contados y que existen ocasiones que dejamos de mover nuestras alas únicamente a la espera de que llegue la muerte?

Decía una máxima del poeta Mallarme, que un golpe de dados jamás abolirá el azar.

¡No sabemos realmente cuándo nos llegará nuestro día final!

Proseguí mirando a aquel ser que su existencia se había agotado, lo puse en un pequeño papel y lo envolví, hice un pequeño agujero en una jardinera para darle sepultura.

Agradecí porque gracias a él me percaté de lo que he dejado de hacer y que si prosigo volando no debo dejar de mover mis alas, quizás mi cuerpo se quede quieto, mas no mi mente que constantemente crea cosas que dejen una huella sin igual, y al final de mi vuelo, tal como lo hice con el pajarillo alguien también perciba una epifanía y vuelva a resurgir un aprendizaje más.

Birdy) – “¿Y si esto es un sueño y por la noche despertáramos en la realidad?…”

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

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