Máscaras 5 / Alberto Calderón P.

   Cuando desfilan en los pasillos al lado de las butacas, los niños quieren tocar sus máscaras que dan un poder superior a los luchadores, suben al ring para hacer acrobacias preconcebidas en un espectáculo digno de una emoción superficial, por actos en el cuadrilátero de la misma factura en un engaño mutuo, retos entre contrincantes, golpes apenas de un ligero toque haciéndolos revolcar de dolor, contorsionando cuerpos y dejando un doblez de pierna o brazo al extremo de rendirse en la contienda. Perder la máscara y descubrir la personalidad es el mayor morbo para un espectador. Cuando el santo se la quitó todos le pedimos que mejor se la volviera a poner.

imagen: gamedots.mx

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