RÉQUIEM PARA MIS PADRES / Autor: Marco James Rojas Bazan

Enclavada en el corazón de un pequeño valle, a orillas de un la quebrada “El Sogorón” en el distrito la Esperanza, Santa Cruz, Cajamarca, me trajiste al mundo madre, en una casa de adobes, y techos combinados con broza y tejas, con varias habitaciones, un trapiche, una “oficina”, cultivos de caña alrededor, el olor del aguardiente y la zambora (1), así como el aroma de las “buenas noches” (2), fueron testigos de mi llegada al mundo.
Los recuerdos de niñez, son bellos; juegos simples, con las tuzas del maíz, o simular montar al “caballo” en una caña seca, ver ordeñar las vacas, y tomar la espuma de la leche recién ordeñada, con una hoja de guayaba o de chirimoya, tomar un jarro de guarapo con jugo de naranja, el comer el quesillo cachachao (3) con yucas provincianas; escuchar los truenos y relámpagos, como preludio de la lluvia, y sentir el olor a tierra mojada, para luego correr a la orilla de la quebrada y ver llegar la repunta, percibir bajo los pies pequeños temblores producidos por el roce de las piedras arrastradas por el agua, luego con los pies entumecidos y embarrados, corríamos a acurrucarse frente al horno de destilación, o junto al fogón donde mi madre preparaba la comida, allí secábamos la ropa mojada por la lluvia, y podíamos aliviarnos del fuerte frio serrano.
Un mundo mágico y maravilloso, lleno de sencillez e ingenuidad, contacto eterno con la naturaleza; el silencio de la noche interrumpido por el croar de los sapos, y el ininterrumpido “cri-cri, cri-cri” de los grillos machos, y las misteriosas luces incandescentes de los ninacuros (4) que iluminaban las oscuras noches; en las noches despejadas, podíamos contemplar el firmamento con sus millones de estrellas y galaxias, que – según mis padres – eran producto de la creación hecha por la mano de Dios, todo ello era el espectáculo más misterioso y maravilloso.
Toda en la vida no es color de rosa, acostarse con la panza vacía, también forma parte de nuestra historia; la señora pobreza, muchas veces se sentaba junto a nosotros y compartía nuestra mesa, lágrimas de impotencia, pero el coraje y carácter decidido de los viejos, nos llevó hacia adelante, hasta el sitial en que estamos.
El tiempo cambia, pasa lento o quizás rápido, el fin llega. Primero fue mi padre, quien un 29 de diciembre (2005) truncó su caminar y enrumbo hacia el más allá. Tenacidad, perseverancia, esfuerzo y sacrificio, es su legado mayor dejado por él.
Las torres gemelas cayeron un 11 de setiembre; también madre un día como hoy (2012), caíste rendida por los años (97) y tus pasos enrumbaste a la casa celestial. Gigantes ellas, más grande tú. De cada rincón de la casa tus recuerdos afloran, tu sonrisa, tus manos callosas y dedos agiles podían tocar la guitarra; tus ojos hermosos, tu sonrisa y voz angelical; de carácter fuerte, y tu espectacular memoria, con recuerdos de dramas y oraciones de la niñez siempre nos deleitaban.
Mi corazón late con más fuerza. Mis lágrimas caen por mis mejillas. Son vuestras enseñanzas y ejemplos los que nos forjaron, y quedaron impregnados hasta la eternidad.
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(1) Zambora: Residuo, producto de la destilación del aguardiente, extraído del jugo fermentado de la caña de azúcar.
(2) “Buenas noches”: Vejuco nativo que abre sus flores campanilleadas por la noche y desprende un fuerte aroma.
(3) Quesillo cachachao: Cuajada fresca, triturada con las manos, sazonada con sal, usada como queso fresco.
(4) Ninacuros:: Palabra quecha, insecto de fuego; Nina (fuego), curo (gusano), en español, se le denomina a las luciérnagas.

Ch.11.09.18
© majaroba

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