PANORAMAS DE REFLEXIÓN. Felicidad y prejuicios / Por Luis Humberto

 

Los prejuicios son una actitud malsana, mediocre, mezquina vulgar y corriente que adopta gente arrogante, altanera y soberbia, que siente que su estilo de vida es el ideal y perfecto y por tanto, critica o ataca constantemente con blasfemias, imprecaciones y malos tratos a quienes tienen menor grado de educación, cultura o posición social y económica que ellos. De ser posible las evitan o tratan lo menos posible. ¿Qué raro no? Se dicen personas civilizadas y gente bien ¿Bien qué?

Qué raro es el ser humano, nosotros mismos. Cómo nos cuesta trabajo reconocer la igualdad y el valor en los demás sólo porque tenemos más bienes o posiciones que otros. La verdad que esta actitud es de las más pendejas que puede acoger un individuo, y mire que a nadie le gusta sentirse o que le digan que lo es. Antes de criticar debemos respetar. Los viejos decían: “Nadie conoce el fondo de la olla más que la cuchara”. Nosotros nunca sabemos porque la gente actúa, se viste o hace las cosas de tal o cual manera. Debemos respetar a nuestros congéneres por el simple hecho de serlo. Realicemos un ejercicio de introspección que nos permita delimitar que tan fijados somos de los demás y respetemos sus creencias, sus valores, sus preferencias, porque también nosotros tenemos las nuestras y preferimos que igualmente sean respetadas. Hace unos días un amigo me señalo a una persona que aparentemente estaba consumiendo droga y yo le dije al respecto que eso abunda ya en la actualidad. Más tarde pude constatar que se trataba de una persona que tenía una fuerte gripe y estaba limpiándose su nariz con una servilleta. Las apariencias engañan no cabe duda, me dije en mi interior, pero ni hablar. La maquinaria mental es incontrolable algunas veces porque los prejuicios son inmanentes a nuestra esencia y sólo nos queda vigilarlos y apaciguarlos adecuadamente basándonos siempre en el respeto por los demás. Nunca digamos las cosas con las que no comulgamos sólo por no contrariar, porque caeremos entonces en la mentira y la falsedad que ya de por sí abunda en nuestra sociedad actual, alejada más de los valores de antaño y sumida en la ignominia de la vergüenza y el deshonor.

Es preferible ser, siempre ser, nosotros mismos; digamos y hagamos lo que pensemos que está bien, nunca lo que otros prefieran que digamos o hagamos. Escojamos los modelos de vida que prefiramos de los demás, sin pedir opinión de nadie. Hagámoslo nosotros mismos, así nos retroalimentaremos usando lo que nos sirva para la vida. Recuerde que la felicidad de usted no depende de otros, de la gente con la que se rodee o de lo que haga, ni tampoco de lo que tenga. No depende de su aspecto físico, ni de que tenga más o menos cualidades que otros. Depende de lo conforme que esté con lo que haga, con lo que tenga, con su cuerpo y cualidades. Depende de que realmente quiera ser feliz y esté tan a gusto consigo mismo como para poder sentir el placer de vivir. Nathaniel Hawthorne, novelista y cuentista estadounidense, considerado figura clave en el desarrollo de la literatura norteamericana en sus orígenes, decía que: “La felicidad es una mariposa que sale volando cuando la persigues, pero que puede posarse a tu lado si te sientas tranquilamente a mirar”. No critique, mejor valore a los demás y sea feliz. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

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