EL SALTO / Autor: Alberto Calderón P.

 

 

Nunca se sabe cuándo, pero en algún momento de la vida uno lo dá ya sea hacia arriba o hacia abajo a lo largo o a lo ancho. Hay muchos y combinados recuerdo haber dado uno y no llegar al otro extremo cayendo  en un canal de aguas negras. Ese fue uno más de mis saltos fallidos, no como el de los grandes y  sobrados atletas que se entrenan para hacer gigantescos saltos olímpicos, ahí quedó para la historia el de Bob Beamon en  el México  1968, este negro neoyorquino realizó un salto de ocho metros con noventa centímetros, prácticamente voló y su record tardó muchos años en ser emulado y superado.

Cuando la caída es de muchos metros de altura los saltarines prefieren hacerlo con paracaídas para después de un recorrido en picada a gran velocidad jalen abriendo el hongo que los llevará suavemente a tierra, pero en fin. Otros, los que saltan de los riscos buscando el mar hundiéndose en sus profundidades para emerger alegres. Hay quienes haciendo piruetas saltan de una plataforma en la alberca buscando la mejor acrobacia y la entrada más limpia al agua.

Una de las características sobresalientes de las ranas son sus saltos, en algún recóndito lugar donde matar el tiempo absurdamente es hacer competencias para ver que ranita es más saltarina que otra, siempre reconociendo al dueño más que a los anfibios, animales que poseen dos fases distintas de vida, viviendo en el agua de forma similar a los peces y después de sufrir una verdadera metamorfosis en la anatomía y fisiología de su cuerpo, pasan a vivir fuera del agua.

Los sapos también saltan unos hacia la política, otros a diferentes lugares, pero siempre en busca de saltar al vació.

Los canguros avanzan a grandes saltos el árido y rojo desierto de Australia pero cuando llegan a nuestros zoológicos dejan de saltar les quitan la magia y los vuelven nostálgicos.

Lo que me gustaría en este momento es… ¡Ha! se me olvidaban otro tipo de saltos, los saltos cualitativos ésos sí que son muy escasos, uno importante es el invento de la rueda, ésta si nos puso a girar cuando se engarzaron dos y las jaló un buey, nos sirvió para la agricultura, cuando le pusieron una plataforma y para transportar cosas, objetos, alimentos, personas, pero pasado el tiempo la combustión interna lo cambió por ese motor y en cuatro ruedas ahora no iba más el buey, otros montaron esas máquinas, ese fue un salto cualitativo. Generaciones han vivido a expensas de los autos, se han servido de ellos, les dieron mayor velocidad, comodidad lujo y seguridad, sin embargo miles mueren por los excesos de tecnología en aditamentos, pero siempre, siempre en cuatro ruedas con un motor de pistones y un volante. El valor agregado de los autos no ha podido dar ese salto cualitativo.

De los majestuosos e impresionantes son los que dan los competidores en las olimpiadas invernales, ésos si son saltos, sin menospreciar a otros. De las plataformas que tienen unas ochenta y otras ciento veinte metros de longitud en picada, van tomando vertiginosamente velocidades que alcanzan hasta más de los cien kilómetros por hora en esa pendiente para salir volando, una longitud que anda por los cien metros en el aire sin nada que los proteja solo sus trajes aerodinámicos pegados al  cuerpo, cuerpos esbeltos diría yo “flacos”, sin resistencia al viento que si en ese momento cambia de dirección los desvía del  camino por lo menos a una fractura y en el peor de los casos a la muerte, que espectaculares se ven en pleno vuelo doblando sus tobillos para que los esquíes se paren en una inclinación paralela a la que va el saltarín, al bajar escuadran o flexionan una rodilla para amortiguar la velocidad, el impulso y toda la fuerza que llevan, con una doblada y la otra sobre el esquí caen sobre la nieve endurecida, después se yerguen y el impulso los lleva hasta el final de la pista, que absurdo pero que hermoso. Pero en fin, lo más triste de esta vida es hacer un salto al vacío, sin cuerda, sin red, sin nada, solo para ser recibido  abajo, no sé si ese salto sea para romper una pierna o para romper la existencia pero siempre damos saltos que nos cambian la vida.

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