PIENSO, LUEGO ESCRIBO.   DE LOBOS Y PERROS  / Por Akiles Boy *

 

 

 

En esta tarde de agosto lluvioso, sentado frente a la máquina que registra y guarda mis ordinarios escritos, muchos de ellos provocados por actos de catarsis que se están volviendo rutinarios. Veo alrededor y reparo en mis fieles compañeros de mi nada extraordinaria cotidianidad. Duby, el mayor, un Dachshund, alemán entrado en sus 14 años, que ya da muestras de los estragos de la avanzada edad. Un problema en la columna, propio de su raza, lo hace moverse poco, pero no sin ganas de vivir. Tiene el apetito y el ánimo de un perro joven. Su acompañante, también mío,  desde  hace 6 años, es Swat, que  posee otro perfil, de la raza Yorkshire, ese es dizque inglés, y lo describen como energético, febril y dominante pero cariñoso. Los veo dormir plácidamente, muy cómodos, uno en el piso y el otro en una de las dos camas, que ocupan mis hijos cuando están en casa. En un espacio compartido de quince por veinte que mide el terreno, convivimos el alemán, el inglés y dos mexicanos, incluyo a mi esposa. La verdad nos hemos adaptado sin problema. El viejo Duby, genioso pero inteligente y tolerante, el otro, inquieto, sin embargo sus necesidades afectivas lo hacen moldeable a las circunstancias que lo rodean.

 

Ese hogareño cuadro, indujo mis pensamientos hacia las aseveraciones, que en tono crítico, o más bien autocrítico se mueven en el mundo y que versan sobre la vida actual del ser humano y la relación que tiene con su entorno. Su desmedida ambición, su capacidad destructora, la  decadencia  de sus valores fundamentales como la solidaridad, la ética y  la moral, la preeminencia de objetivos como la riqueza, los negocios, la competencia, el crecimiento material y económico, que han terminado por desfigurar o distorsionar el rostro humano y convertirlo en una especie de robot sin corazón y sin alma. Algunos hablan de deshumanización, otros de la perdida de la dignidad humana.

 

Me hizo pensar en la teoría de que los seres humanos extraviamos la brújula y perdimos el camino que los grandes científicos y artistas del renacimiento habían reencontrado y  con ello pretendieron encauzar el rumbo del mundo. Esos grandes humanistas privilegiaron el culto al hombre y potenciaron sus virtudes al servicio de los demás. El desarrollo debía responder a las expectativas del ser humano y su relación natural con el medio ambiente. Hombre, comunidad y naturaleza en armonía como la principal premisa de la evolución. En cambio, tras la revolución industrial el planeta se transformó. Los burgueses y capitalistas impusieron la idea de que el progreso y crecimiento económico solo era posible mediante la competencia y las leyes del mercado.

 

En esta segunda década del siglo XXI, unos cuantos Países, los más desarrollados y poderosos, y unos cuantos Organismos Internacionales, dictan las normas de la economía y la convivencia mundial, pero lo hacen imponiendo sus intereses y sus valores, mediante el miedo. Consorcios, capitales, competencia, mercados, materia prima, mano de obra barata, son los conceptos que dominan en los modelos del neoliberalismo salvaje globalizado. El poder y el dinero han obnubilado al hombre, en detrimento de su dignidad y su natural vocación de servir a los demás. “El hombre es bueno por naturaleza”, afirmaba Rousseau. El egoísmo y la sed de riqueza de las elites privilegiadas están causando la depredación del planeta y polarizando a la comunidad mundial. La religión y la Iglesia poco se han esforzado para detener o cambiar el sentido de ese plan de dominio y destrucción, al contrario parece se han sumado a esa escalada. Esto hace recordar la famosa frase atribuida al filósofo inglés Thomas Hobbes ”Homo homini lupus” “El hombre es un lobo para el hombre”. Para remate añado la controversial frase cuya primera autoría se adjudicó al también inglés Lord Byron, después se endosó a Carlomagno y Hitler, para finalmente revelarse que fue obra del talento del griego Diógenes “Mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. Hasta la próxima.

 

 

 

 

 

 

 

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

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