PIENSO, LUEGO ESCRIBO. ENVEJECER SANO Y FELIZ Por Akiles Boy *

 

Los viajes ilustran y también inspiran digo yo. Esta vez estuve menos de tres días con mi hijo, del mismo nombre, en la agitada pero fascinante ciudad de México. Un chequeo médico necesario me empujó hacia la capital del país. Aunque algunos digan que es un rancho con Presidente, continúa siendo el ombligo de esta nación. En una sola urbe se respiran y se perciben las culturas del México ancestral, del colonial, del independiente y del revolucionario, así como el México moderno y lo que sigue, es decir, el contemporáneo y el de hoy. Un país de gran complejidad, caótico, irreverente, que se resiste a romper con sus raíces, aunque la evolución tecnológica y la globalización lo desgarre y arrastre con rumbo desconocido. El pueblo azteca, como nos conocen afuera, fue creado con un umbral alto para aguantar dolor y sufrimiento, pero cuando reacciona, ha demostrado que atrás de su nobleza esta su inteligencia.

Siendo un observador empedernido y en un recorrido previsto por la zona hospitalaria de Tlalpan, para después estacionarme en una consulta programada en el instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, mi vista no dejada de fijarse en hombres y mujeres de edad avanzada que pululaban en esa área congestionada de nosocomios. Una vez ya sentado en la sala de espera, de manera inexorable presencie el desfile de pacientes que rebasan los sesenta años, la mayoría acompañados, que acuden para ser atendidos. Desde hace algunos años vengo escuchando y leyendo que nuestro país envejece a un ritmo acelerado. Un argumento simple lo justifica, los nacimientos han bajado igual que la tasa de mortalidad. Todavía se sigue con la idea de que México es un país de jóvenes. Sin embargo, el grupo de la tercera edad ha crecido en forma sostenible porque la esperanza o promedio de vida también aumentó.

Una breve síntesis estadística del Consejo Nacional de Población CONAPO revela, que en la República Mexicana residían en 2017 alrededor de 13 millones de personas de 60 y más años. Dicha cantidad representa en términos relativos el 10.5% de la población total, porcentaje que indican crecerá a 12.5% para el 2020. El reporte agrega otra información vinculada. Según las proyecciones del mismo Organismo, el pronóstico para el año 2030 es que se eleve la cifra a 22.2 millones, y se espera que para la mitad del siglo XXI (2050), ese grupo de población alcance los 36.2 millones, significando el 28% de la población del país.

El horizonte que presenta CONAPO está relacionado con lo que califica como proceso acelerado de transición demográfica, y en el fondo sus movimientos están determinados esencialmente por el comportamiento de los índices de natalidad y mortalidad, y acaso la influencia del fenómeno de la migración internacional. No obstante, el episodio dramático para México en el tema del envejecimiento de la población, salta cuando se observa la relación numérica que hay entre niños y adultos mayores. En el año 2000 había 20.5 adultos por cada 100 niños; este índice se incrementará gradualmente en el presente siglo. Se calcula que el número de adultos mayores sea igual al de niños alrededor de 2034 y la predicción para 2050 es de 166.5 adultos mayores por cada 100 niños.

Dejando a un lado la numeralia del asunto, regreso a la cotidianidad. En estos días han llegado a mis manos varios artículos y mensajes con distintos enfoques sobre la vejez. La verdad ya me cayó el veinte, estoy cerca de llegar a ese umbral y ya veo las primeras señales de ese camino. Que puede ser apasible o turbulento, de nuevos retos o merecido descanso, de aprendizajes o solo de experiencias, en fin. Siempre caemos en que no hay recetas para vivir, y aplica en cualquier período de nuestra vida. En el discurso se dice que debemos aspirar a una vejez digna y para ese cometido se requiere la participación de la familia, la sociedad y las instituciones. Pero la realidad en México es otra para muchos que ya son adultos en plenitud o son de la Tercera Edad. Abandono, maltrato, abusos y explotación, son fotografías cada día más comunes en muchos espacios de las ciudades mexicanas.

Por otro parte, si nos atenemos a lo que define la Organización Mundial de la Salud OMS como envejecimiento activo ”Es el proceso en que se optimizan las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen”, pues entonces en este país estamos bien jodidos la mayoría. Los escenarios están para llorar. El sistema de salud colapsado, el sistema de pensiones en quiebra, una sociedad cada vez más insensible o excluyente. En las calles de las grandes ciudades, vemos cada vez más ancianos empujados a la indigencia. Con un futuro incierto, en el presente los gobiernos y sus instituciones, la familia y la sociedad tendrán que hacer conexión para enfrentar este gran desafío. No es imposible que desde hoy México revierta rezagos y se prepare para asegurar una vida digna a su población que naturalmente envejece. Y para los que ya están en la tercera edad o próximos a iniciar esa aventura, la mejor recomendación es que la vejez la vivan como quieran o como puedan, pero procuren estar sanos y ser felices. Hasta la próxima.

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

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