Internos Libertos (Comentario del libro) / Alberto Calderón P.

La obra Internos libertos invita a la reflexión, un recorrido por una historia real en la vida de un internado para conocer las vivencias de los alumnos y su rica experiencia acumulada a lo largo de cuatro años, de los 123 inquietos juvenes de nuevo ingreso en Tenería después de pasar una selección de entre más de ochocientos aspirantes.

El maestro de la academia y de las letras, Filemón Zacarías nos recrea con su envidiable prosa cuando desde sus primeras páginas nos hace pasar a un cuarto de hotel y recorremos lentamente los rincones de la habitación desde la perspectiva de un rayo de luz que va tocando a su paso todo lo que encuentra, hasta llegar al rostro de un hombre que horas antes a partido de este mundo y con el cual inicia la historia que nos llevará de la mano a transitar las vivencias de ese internado educativo.

El haber coincidido estos jóvenes, casi unos niños en el internado para aprender, cultivarse y posteriormente ejercer una de las más nobles actividades, la enseñanza, la educación es una experiencia enriquecedora y viene de modelos de aprendisaje muy antigüos, su registro en los anales se remonta más de mil años.

En Europa, fue una práctica desarrollada por la Edad Media para el envío de los pequeños a ser enseñados por clérigos letrados, ya sea en los monasterios, también con los instructores o institutrices de grandes y acaudaladas familias.

El internado del que se hace mención en la historia de Internos Libertos fue creada en 1927, y es a la fecha considerada bastión del normalismo rural mexicano: mantiene el modelo público y gratuito en beneficio de los estudiantes de escasos recursos, con una educación multidisciplinaria.

Las experiencias de los jóvenes que ingresan al internado, desde distintos puntos de la república, en su mayoría Puebla y el Estado de México hacen su arribo en septiembre del año de 1980 y al entablar de inmediato empatía y una fraterna amistad los mantuvo como grupo dentro de la institución educativa.

Los recuerdos del internado vuelven a tomar vida cuando el escritor y alumno de esa generación Filemón Zacarías García con esa maestría rescata los momentos importantes de su estancia y con elocuente prosa, les saca del olvido y ya nunca se perderán entre los sueños de la adolescencia estudiantil, ahora viven gracias a la obra que por fortuna se recrea en este libro, haciéndonos recordar nuestras etapas estudiantiles en donde la militancia

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de la izquierda era una necesidad; formando parte de nosotros mismos en un activismo político en contra de las injusticias a los campesinos a los obreros, a la educación burguesa y demás reivindicaciones que encendían los ámbitos de la ideología; haciéndonos los principales promotores de las demandas de los trabajadores marginados del campo y la ciudad.

La valentía y organización de este grupo de jóvenes, casi unos niños, se propusieron mejores condiciones en el internado, una mejor comida por principio y la mejora de sus instalaciones y es en ese sitio donde corría el viento junto a las canciones de reflexión y reivindicación social, se van forjando los que a la postre serán los hombres que con su aprendizaje irán a otras aulas, ahora si a enseñar la rectitud de sus principios aprendidos en el internado y a defender las causas más justas.

Las anécdotas que se suscitan dentro de la institución como el secuestro de un camión para ir por las chicas de un poblado próximo es un acto de arrojo, de conocer que nos depara el destino, se debe entender como parte de la formación que va atendiendo esa decisión tan necesaria para moldear el carácter de los jóvenes que con las experiencias aprendidas les va dando la madurez. La solidaridad que van adquiriendo dentro de las relaciones entre ellos, la complicidad pero también sus principios, con esa energía de la que nos hace participe la lectura cuando estamos inmersos en ella, nos sentimos uno de los protagonistas, participando de su convivencia cotidiana.

Vivieron encarnadamente la represión de compañeros en la lucha, que fueron cobijados por los habitantes de las comunidades cercanas que los apoyaban, que sabían de su nobleza; los protegieron y ayudaron en su huida, lo que nos hace recordar los tragicos acontecimientos de otros normalistas, los de Ayotzinapa que no tuvieron la misma suerte quedando como una de las una de las más trágicas represiones y desapariciones en contra de los estudiantes en nuestro país.

Aquellos alumnos de la Normal Rural de Tenería, nunca imaginaron volver a cruzar la reja del internado, lo hacen 30 años después, en ese reencuentro a la distancia, algunos apenas si se reconocen, afloran las sonrisas, los recuerdos, todos efusivos por volverse a encontrar, satisfechos por el deber cumplido, cada uno con su granito de arena aportan sus conocimientos y principios a la sociedad, retribuyendo lo que les fue dado, y lo que ganaron con su lucha estudiantil, por eso al verse a los ojos saben que son y siempre serán Los Internos Libertos.

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