BELLUS/ Maricarmen Delfín

La belleza (del latín bellus = hermoso), un concepto abstracto filosófico ligado a la estética, manejado y aplicado en varias ramas del conocimiento como la historia, la psicología social, la sociología y la biología, pero principalmente en el arte, con todas sus disciplinas.

Hablar del concepto belleza es complejo pues cada persona puede tener una idea diferente de lo signifique para otro  individuo lo  bello,  depende de su formación cultural y moral, de sus vivencias y sus prejuicios,  de sus percepciones sensoriales.

Comúnmente se define a ésta como una serie de características de una persona o cosa, que a través de una experiencia sensorial como la vista, el olfato, el oído, y en contadas ocasiones el gusto o el tacto, brindan una sensación de placer o satisfacción. Algunos filósofos hacen incapié en el aspecto visual, para otros es el equilibrio y armonía con la naturaleza. Regularmente se ha asociado con  el bien y a su antónimo con el mal, en la literatura se ha dotado  a la heroína o la princesa de los cuentos  con rasgos bellos y personalidad grácil,  y a la villana o a  la bruja con tremenda fealdad.

Se ha  tratado  de formar  un patrón  para  definir  a las personas con  el concepto de  “belleza integral”, combinando  factores sicológicos como congruencia, integridad, inteligencia ,simpatía, personalidad y gracia,  (belleza interior), con atractivos físicos como buen aspecto corporal, juventud, salud, simetría y sensualidad (belleza exterior), para aplicarse en situaciones como concursos de belleza, que al parecer en algunos casos, no toman en cuenta el factor inteligencia. Estos conceptos son relativos pues a pesar de tener  a la belleza como una característica  física, también se considera un atributo interno, suele pasar que juzgamos por la apariencia pero al conocer la personalidad  sentimos empatía  o nos decepcionamos.

La  percepción de belleza  ha estado presente desde el inicio de la humanidad, ya en la prehistoria había un canon  para elegir a la mujer con características reproductivas  fuertes, como caderas anchas, pechos y vientre grandes, para garantizar así la reproducción y alumbramiento sin problemas; lo anterior se deduce por las estatuillas encontradas en descubrimientos arqueológicos que representan  a mujeres con estos atributos. No se sabe quién elegía a la pareja pero especulan que era la mujer pues  de ella dependía la sobrevivencia de los pequeños. En esta época  en muchas familias sigue siendo la madre quien alimenta, educa y protege.

Los griegos de la escuela Pitagórica  asociaron las matemáticas con la belleza pues consideraban la simetría como una cualidad que llamaba la atención, lo que plasmaron en su  arquitectura clásica basada en la  proporción. Platón consideró a la belleza como una cualidad mental que residía en el alma y que todos podían tener acceso a ella adentrándose en el conocimiento y así materializarla terrenalmente. También los artistas griegos y romanos tenían un estándar de belleza masculina en la civilización occidental, definiendo al hombre ideal como un jefe alto y musculoso de piernas largas, con pecho ancho dotado de abundante  bello, con alta y amplia frente signo de inteligencia, grandes ojos, nariz fuerte y amplio maxilar, combinación de factores que buscaban impresionar. Bueno, a excepción del peso corporal y los patrones de moda este concepto no ha variado mucho.

Para los antiguos egipcios la belleza era armonía, perfección y frontalidad, era cuestión de cálculos y medidas, y no tanto de fisonomía; el cuerpo debía estar armónicamente proporcionado y se usaba el puño  como unidad de medida antropométrica y así calificar a la persona, la estatura perfecta debía ser la medida de  18 puños contados de esta manera: 2 para el rostro, 10 desde los hombros hasta las rodillas y los 6 restantes para las piernas y los pies. Debían ser delgados,  pero las mujeres con caderas anchas y pechos pequeños. Se les atribuye ser los primeros en usar maquillaje estético pues tanto hombres como mujeres se perfilaban los ojos con líneas negras para resaltarlos y verse más bellos, en alusión al dios Horus. La práctica del perfilado negro sigue vigente hasta nuestros días en muchas partes del mundo.

Para la cultura tradicional china las cualidades morales de una mujer tienen mayor peso para calificarlas como bellas, pues su ideal de perfección es una combinación de virtud y apariencia física, pero en las antiguas dinastías ya existía un patrón de belleza, como frente ancha, cara redonda y complexión fuerte. Hay un refrán de aquella época que describe a la belleza antigua: “cejas estrechas y largas como la hoja del sauce, ojos grandes como la nuez del albaricoque  y boca tan pequeña como la cereza”. El cabello debía ser negro y brilloso, los dientes blancos, los dedos finos y tiernos. Con los años y el dominio de diferentes dinastías los conceptos cambiaron y la mujer debía ser delgada, con cintura estrecha y flexible, de pies pequeños  y que tuviera un aroma corporal propio para considerarla bella.

Desde la antigüedad las mujeres chinas se realizaban modificaciones físicas  en los pies para impedir su crecimiento, a este método se le denominaba lirios o pies vendados, el proceso comenzaba cuando las niñas tenían entre 4 y 7 años, ponían los pies en remojo con una mezcla de hierbas y sangre animal para eliminar las posibles infecciones en la piel, entonces la madre rompía los cuatro dedos más pequeños y los aprisionada en dirección al talón vendándolos con seda o algodón, este ritual se repetía cada dos días durante 10 años.

Después de los dos primeros años ambos pies estaban prácticamente muertos, el dolor no cesaba debido a que cada vez apretaban más las vendas y era habitual que el proceso causara graves infecciones. Este acto se llevó a la práctica durante 10 siglos aproximadamente y fue hasta 1911 cuando se prohibió por ser machista, cruel  y doloroso, con graves consecuencias para la salud. Estos fenómenos culturales nos parecen atroces al mundo occidental pero en  este canon de belleza la cultura china encontraba satisfacción estética y erótica.

En el Japón feudal las mujeres se caracterizaban por ser cultivadas en oscuros palacios lo que les daba una piel muy blanca y un cuerpo escuálido, escondido bajo pesados kimonos, siendo portadoras de una enfermiza carga erótica. El arte japonés de la época alimentaba la idea de tratar  a la mujer como sutiles personajes de adorno, pero  en sus horas de tedio eran ávidas lectoras de pliegos sedosos como su cuerpo, resultando su cautiverio una independencia intelectual lo cual quizás,  era lo realmente atrayente para los hombres de las clases altas que rondaban en los palacios. Este canon era para una minoría elitista, que no se relacionaba  en nada  con las mujeres frondosas de pieles quemadas por el duro trabajo diario en el campo.

Para los mayas el concepto de belleza tenía sus rarezas, consideraban al estrabismo una cualidad de suma atracción y hacían lo posible para provocar en sus pequeños hijos esta deficiencia; perforaban sus dientes para colocar incrustaciones de piedras preciosas, a los recién nacidos se les colocaba de cabeza apretando su frente con un madero para achatar el cráneo.

En la cultura olmeca deformarse la cara y el cráneo era su  canon, gustaban de provocarse con las deformaciones rasgos extraños. También para ellos un cuerpo obeso era signo de belleza.

En general en las culturas prehispánicas lo que predomina en cuanto a su idea de la belleza son las perforaciones en los lóbulos de la oreja, el maquillaje en cara y cuerpo, las perforaciones dentales, las implantes de objetos ya sea de madera o de metal en la piel y las deformaciones.

Podemos pensar que estas prácticas eran salvajes y primitivas pero si damos un recorrido por los cánones de belleza actuales encontraremos que algunas de éstas son la moda en la actualidad.

En este mar de conceptos  y costumbres que buscan definir lo que es bello, nos sumergimos sin  obtener un estándar que podamos sacar a flote, pues nos envuelve la marea de lo abstracto.

No sólo la belleza física nos deleita y satisface, también la belleza que emana del arte es un alimento para los sentidos pues busca expresar ideas y emociones, una visión del mundo con recursos plásticos, lingüísticos y sonoros, y ha sido desde la prehistoria uno de los principales medios de expresión del ser humano.

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