Carlo Antonio Castro / Por Alberto Calderón P.

 

La vida del ahora recordado escritor, etnólogo, poeta, lingüista, cronista, traductor, novelista, académico, incansable investigador, fue como un rompecabezas lleno de piezas valiosas, puestas magistralmente a lo largo del tiempo, uniendo, dando orden y elocuencia a sus actos, dejando una invaluable aportación a la cultura de nuestro país.

Nacido en Santa Ana, la segunda ciudad en importancia en El Salvador, el domingo 28 de julio de 1926, hijo de José Cipriano y Patricia Gertrudis. Estudió el colegio García Flamenco los primeros años de su instrucción primaria; no pudo terminar ya que su padre se oponía a la tiranía del gobierno, como integrante de un comité sandinista se tuvo que movilizar a otra región y finalmente abandonó su país como exiliado en los tiempos del general Lázaro Cárdenas.

Terminó el sexto año de primaria en el Instituto América en la Ciudad de México, en la prevocacional en la 1 y 5, y continuó en la vocacional 4. Posteriormente ingresa a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas. Terminó la carrera de Químico Biólogo ingresando al campo laboral de su especialidad, pero sus intereses y destino eran otros. Tomó cursos libres en Lenguas antiguas y modernas en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, incorporándose a la carrera de Etnología y Lingüística en el periodo 1949 al 54. Al término se dedicó a la investigación de campo en Hidalgo, Puebla, Chiapas, Veracruz y Tlaxcala.

Entre 1953 al 57 trabajó como redactor del Instituto Nacional Indigenista y otros cargos como fundador, coordinador, director en asuntos lingüísticos e indígenas, maestro de Sociología en la Facultad de Derecho de San Cristóbal de las Casas.

Iniciando 1958 se integra como maestro a la Escuela de Antropología de la Universidad Veracruzana, y un año más tarde llega a la dirección del plantel hasta 1963, bajo su gestión funda la especialidad de Lingüística, ofreció sus cátedras en otras carreras del área de humanidades, así mismo lo hizo como miembro fundador de la Escuela Artículo Tercero Constitucional. Impartió clases en la Escuela Normal Veracruzana, así como en la Secundaria Sebastián Lerdo de Tejada de Xalapa.

A partir de 1963 se hace merecedor de distinciones por parte de la propia Universidad Veracruzana, sus alumnos y Institución, al igual de Superación Ciudadana que presidía el cronista Gustavo A. Rodríguez, y que entre sus miembros contaba con personajes distinguidos como Pedro Rendón. El 14 de Febrero pronunció el discurso póstumo en el sepelio de la poetisa y escritora coatepecana María Enriqueta Camarillo. Fue amigo entrañable de la escritora Rosario Castellanos. En 1986 recibió en la ciudad de Veracruz la medalla de oro al mérito Académico por parte de la Universidad Veracruzana. En 1988 recibió el Premio Chiapas en el Área de Ciencias.

Su obra escrita es muy amplia y variada. Incursionó con textos académicos producto de sus investigaciones en varias revistas y libros del Instituto Nacional Indigenista, de la

Universidad Veracruzana, del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Publicó la novela Los hombres verdaderos; Che Ndu, Intima Fauna, Narraciones Tzeltales de Chiapas, Enero y febrero ¡Ahijadero! Siluetas mexicanas; Jaguars; Tímido Ulises; Flor de Antigua Poesía Japonesa, entre muchos otros textos publicados en La palabra y el hombre y otras publicaciones. Realizó traducciones del inglés, portugués Japonés y Tzeltal. Un hombre que amó su profesión y a la ciudad de Xalapa.

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