PUÑOS Y AZÚCAR / Por Maricarmen Delfín Delgado

 

Es mejor dar que recibir: un boxeador

El enfrentamiento con los puños es una acción natural desde la prehistoria, como autodefensa, para marcar un territorio, por la posesión de una hembra o como acción para proteger los alimentos de algún hurto, o por cualquier otro motivo de disgusto o desavenencia. Por el instinto de supervivencia.
Un estudio antropológico del científico David Carrier (Universidad de Utah), asegura que esta acción en los primeros hombres influyó de manera determinante en la anatomía del rostro masculino y en la formación de los huesos de las extremidades superiores, los pómulos y el maxilar se hicieron más fuertes para soportar los golpes de las cotidianas luchas y no por masticar alimentos duros como semillas y tallos, así también se modificó la delicada estructura de la mano para convertirla en una poderoso puño para golpear. La violencia ha jugado un papel importante en la evolución de la raza humana.
Cuando dos personas se enfrentan a golpes, el primer objetivo es el rostro para descargar la fuerza del puño, lo que apoya la hipótesis de Carrier sobre la evolución de los huesos del cráneo masculino a diferencia del femenino, su estructura es más pequeña en la mayoría y con una formación ósea más frágil.
Jacques Rousseau afirmaba que el hombre era un buen salvaje, un primitivo que vivía en paz y en armonía con la naturaleza, el hombre contemporáneo ha perdido la inocencia y la bondad originales debido a la riqueza y el poder. Esta visión filosófica no convence a los estudiosos de la evolución, quienes a través de sus investigaciones antropológicas han comprobado que en su inicio la raza humana no era pacífica.
Entre los adolescentes es frecuente que surjan fricciones que pueden terminar en peleas verbales y golpes, en esta etapa se alejan de los padres y hermanos y empiezan a formar grupos de amigos con relaciones muy estrechas, estas relaciones son trascedentales en su formación. Las riñas suelen darse por la confianza que genera esa relación de amistad, la sinceridad de sus comentarios genera roses; la inestabilidad emocional es propia de la adolescencia, pasan demasiado tiempo juntos y aún no tiene la habilidad de sociabilizar, aunado a la necesidad natural de marcar su territorio emocional, de lograr o conservar el liderazgo y llamar la atención de las chicas.
Esta propensión, tal vez natural, hacia el enfrentamiento con los puños sigue llamando la atención en muchos de nosotros, con una contradicción filosófica ya que golpear es agredir exponiendo la vida y esto va contra la naturaleza humana. Este instinto cavernario nos lleva al gusto por el boxeo, deporte que ha sido desvirtuado por su comercialización, por el mal manejo que ha hecho de la actividad deportiva que surgió en Grecia como una disciplina olímpica aproximadamente 1000 a.C.
El boxeo ha propiciado opiniones que lo desacreditan considerándolo como generador de violencia y formador de hombres prepotentes y agresivos, concepto errado si no se tiene el conocimiento de esta disciplina deportiva que modela el carácter, desarrolla cualidades como la constancia, el espíritu de sacrificio y la autoconfianza, donde se motiva al esfuerzo cotidiano para la superación personal. Los aficionados al pugilismo disfrutan la pelea en su momento, el choque de los guantes, el golpe certero y permitido, protestan por alguna arbitrariedad y al final del encuentro salen conformes y tranquilos a la calle.
Caso contrario al futbol, sus seguidores se apasionan, sienten suyo el triunfo o la derrota, salen enardecidos y muchas veces desquitan su coraje con los miembros de la porra contraria o con el que viste la camiseta del equipo que propició el “deshonor”, desbocan gritos ofensivos y lloran la pérdida del partido sin importar el lugar.
En México, el boxeo ocupa el segundo lugar en popularidad, desde los años treinta hasta nuestros días ha sido cuna de grandes figuras que han alcanzado fama internacional, con historias de vida que fueron inspiración para películas que interpretaron las estrellas del cine nacional, y boxeadores que incursionaron en la pantalla grande como destacados actores.
En Cuba el boxeo llega en los primeros años del siglo XX, donde tenemos dos versiones: con buscadores de talentos procedentes de Estados Unidos atraídos por los cortadores de caña de raza negra; o con la llegada de un chileno a la Habana para ofrecer sus servicios como entrenador en defensa personal. Desde entonces este país ha sido semillero de grandes atletas y principalmente de boxeadores.
Un cubano-mexicano destacado no sólo por sus poderosos puños, también por su gran nobleza y encantadora sonrisa, cualidades que coincidían con su mote: Sugar, fue Ultiminio Ramos Zaqueira, nacido en Matanzas un 2 de diciembre de 1941. De familia humilde, trabajó desde pequeño como limpia zapatos, incursionó en el mundo de los puños a los catorce años como amateur con más de cien peleas y en 1957 debutó como profesional en la Habana, con un estilo muy particular, pues esquivaba los golpes con mucha facilidad e imprimía los golpes con gran potencia.
Con dos títulos en su categoría: en 1960 ganó el Campeonato Mundial de Peso Pluma en su país por Consejo Mundial de Boxeo y la Asociación Mundial de Boxeo. Después del triunfo de la revolución cubana Fidel Castro prohibió el boxeo profesional, Ultiminio decide emigrar a México con un grupo de pugilistas, entre los que se encontraba José Ángel “Mantequilla” Nápoles. Aquí obtuvo la ciudadanía y radicó definitivamente.
Sostuvo múltiples combates en muchas ciudades del mundo, entre ellas el puerto de Veracruz el 14 de diciembre de 1969, enfrentándose al colombiano Germán Gastelbondo, quien resultó perdedor.
Parecía tener un ariete en sus puños, con su pegada fuerte y contundente provocó que dos de sus contendientes fallecieran después del enfrentamiento: en 1958 su compatriota José “El Tigre” Blanco, cuando Ramos todavía vivía en Cuba; en 1963 el estadounidense Davey Moore, en los Ángeles, California. Este desagradable suceso inspiró a Bob Dylan para escribir su canción “¿Quién mató a Davey Moore?”.
Esos lamentables acontecimientos cambiaron su actitud, temía lastimar demasiado y provocar una desgracia nuevamente. Decide retirarse después de su derrota ante César Sinda, el 24 de abril de1972, con cincuenta y cinco victorias, siete derrotas y cuatro empates. En 2001 fue inmortalizado en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional. Continuó participando en eventos del Consejo Mundial de Boxeo al lado de José Sulaimán.
A su retiro intentó entrenar a niños y jóvenes al estilo de la “vieja escuela” pero se decepcionó del carácter débil y de pocos valores que la juventud de la época moderna mostraba. Su personalidad amable y jocosa lo lleva a incursionar en la farándula con su grupo musical “Ultiminio y su Suave Son” y rodearse de muchos amigos “fiesteros” como Germán Valdés “Tin Tán”, Adalberto Martínez “Resortes” y el boxeador Ricardo Moreno y el cantante Javier Solís, que también era su socio.
Su último rival desde hace algunos meses fue el cáncer de páncreas aunado a una reciente fractura de cadera, perdió la pelea el 3 de septiembre de 2017, apenas tres meses atrás. Lo recordamos en el aniversario de su nacimiento.

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