ROSARIO CASTELLANOS / Por Alberto Calderón P.

 

Pasa su infancia y parte de su juventud en Comitán Chiapas, regresa a la capital del país a estudiar en la universidad, concluye sus estudios presentando su tesis de Maestría en Filosofía, titulada “Sobre cultura femenina”. Las lecturas que practicó toda la vida y su lúcida inteligencia le permitieron asimilar que la desigualdad de las mujeres no se sustentaba en la naturaleza o en la biología, sino en la larga tradición cultural de sometimiento.

 La resistencia a permitir la entrada de las mujeres a las universidades y centros de enseñanza superior, a la limitada educación e información femenina , usadas como  barreras  pues representaban una amenaza a la estructura patriarcal. El no valorar el trabajo de las mujeres al minimizar sus ideas y participación social, política, científica y económica, para que no representara ningún riesgo al consolidado machismo; así lo señala en su obra “Mujer que sabe latín”.

En el año de 1960 publica en la serie Ficción de la Universidad Veracruzana el libro de cuentos “Ciudad real” con el que ganaría el premio “Xavier Villaurrutia”; trata sobre como los indígenas de Chiapas, maltratados, explotados y usados, sufrieron por parte de la gente de piel blanca, los caxlanes.

 Dos años antes, en 1958, había sido acreedora al premio “Chiapas” por la obra Balún Canán. Es una novela de tinte autobiográfico, la autora fue hija de terratenientes y vivió su infancia con una nana indígena de nombre Rufina. Su familia abandonó su casa durante el reparto agrario y emigró a la ciudad de México. Con esta historia a cuestas, sus amigos Sergio Magaña y Emilio Carballido la conminaron a escribir sobre su niñez en Comitán, población cuyo nombre en maya antiguo era Balunem K’anal, que significa nueve estrellas nueve testigos.

Rosario Castellanos con una destacada destreza incursionó en casi todos los géneros literarios, cinco obras de cuento, cinco novelas, cinco publicaciones de ensayo, trece obras de poesía y dos obras teatrales, de este último genero comentare brevemente  “El eterno femenino”, que  fue la última que escribió. Publicada en 1976 dos años después de su muerte, la escribió con la esperanza de darle un progreso al rol típico de la mujer.

Dividida en tres actos, la protagonista, Lupita, va a un salón de belleza para prepararse para su boda, durante la espera le colocan a la secadora un “aparatito” que causa sueños profundos, los cuales tienen implicaciones en su vida y en particular su rol como mujer. Irónicamente  toda la obra toma lugar en el salón de belleza.

Amiga de Ernesto Cardenal, Dolores Castro, Jaime Sabines y Augusto Monterroso. Becada por del Instituto de Cultura Hispánica. Fue profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, así como en la Universidad de Wisconsin, en la Universidad Estatal de Colorado y en la Universidad de Indiana. Escribió en el diario Excélsior, fue promotora del Instituto Chiapaneco de la Cultura y del Instituto Nacional Indigenista, murió en un accidente doméstico cuando fungía como embajadora en Israel en agosto de 1974.

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