SIGAMOS JUGANDO / Autor Maricarmen Delfín Delgado

Cerré los ojos y parecería que apenas ayer escuchaba a mimamá decir con tono severo: “recoge las matatenas que dejaste desperdigas sobre lamesa, levanta tus muñecas del piso, acuérdate que son de mantay es más difícil bañarlas, cuelgala cuerda con la que saltas y no ladejes a medio paso, no te vayas a tropezar, además tienes que lavar
tus cazuelitas antes de guardarlas, ya ves que les pusiste masa para jugar a la comidita. En la tarde llegan tus primos y tenlista la caja con la lotería para que cuentes las tarjetas y no les vayan a faltar.”

Pero no fue ayer, ya han pasado muchos, muchísimos años desde aquellas recomendaciones y aquellas tardes cuando disfrutaba, y otras veces peleaba, con mis hermanos, vecinos, primos y amigos de la escuela en el corredor con piso de manzarín y pretiles llenos de macetas de barro, blancos seguros de la pelota con rombos y colores brillantes tan pesada que parecía hecha de madera en vez de hule. Todos gritones y platicones, con el entusiasmo que motivaba el momento, la competencia y sobretodo la convivencia.

Recordarlo me hace pensar en los niños de todas las épocas, de todos los estratos, en todas las infancias, en aquella etapa de la vida del ser humano tan importante en su formación y en su aprendizaje, con experiencias ligadas a sus vivencias y sobre todo a los juegos, los que han sobrevivido al paso del tiempo y a la invasión de la tecnología, los que algunos padres y abuelos han enseñado con amor para no perder la tradición.

Imagino a los niños prehispánicos jugando con sus animalitos de arcilla dotados de ruedas en vez de patas, jalados con hilo de ixtle y rodándolos por el piso de polvorón, con muñecas y figurillas articuladas a las que recomendaban obedecer y comer lo servido en sus diminutas vasijas hechas especialmente para el uso infantil, beber en sus vasos silbadores, corretear tras la pelota hecha con caucho y de repente soplar con energía a su hermoso silbato, lanzar las canicas que como ojos de chocolate rodaban por doquier; todo ello bajo la vigilancia de los adultos pues el juego era una de las actividades más relevantes en la vida social, económica y política.

A estos niños, los españoles les impusieron objetos religiosos como juguetes, pues las matracas de madera, los muñecos de Judas y las mulitas de hoja de maíz eran utilizados en la festividad de la Semana Santa, después de pasada esta fecha se los obsequiaban a los pequeños para que jugaran.

No escaparon a la influencia del sincretismo cultural, y entonces entraron a sus cajas de juguetes y a su infancia, el trompo, la pirinola, el yoyo, el balero y las canicas de cristal, que al llegar a México

adquirieron características propias de los artesanos que los trabajaban en madera. En los mercados podían encontrar trastes de porcelana entremezclados con los de barro, muñecas de porcelana traídas de Europa al lado de las de trapo, trasteros de madera rústica compitiendo con los de cedro barnizado y novedades como soldados y caballos de madera y plomo, papel de china para papalotes y algún alfeñique.

Para las comunidades indígenas y rurales el juego forma parte de su cotidianidad, en muchos casos los distingue a unos de otros, algunos se practican en los hogares y también son sujetos de competencia en sus barrios o comunidades.

Actualmente todavía brincotean de mano en mano las muñecas “pames” elaboradas con palma y cabellos de maíz, o los juegos de mesa con estrategias de ataque y defensa que se asemejan al ajedrez pero con implicaciones cosmogónicas, como el Kuilichi en Michoacán, la pitarra en Querétaro, el Patolli en Morelos y el Quince tarahumara en Chihuahua, sobrevivientes desde su origen en los pueblos prehispánicos y que conservan entre los pobladores su identidad y sentido de pertenencia.

Otro signo de identidad son las muñecas de manta Hñahñu u otomíes en el estado de Hidalgo, que representan a las niñas de esta etnia pues las visten a semejanza de ellas con faldas amplias y bordadas, con cabello de estambre trenzado y algunas cargando un bebé.

Hermosos juguetes y hermosos juegos los de aquella época que hoy sólo quedan en nuestro recuerdo para endulzar la memoria con nostálgicos suspiros, con el deseo de que esta generación de niños y adolescentes vivan lo que nosotros sentimos hace algunos años cuando corríamos libremente a media calle tras los demás niños en una sinfonía de risas y gritos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s