El cuervo / Por Alberto Calderón P.

No sé que pasa hoy, pero las aves no levantan el vuelo de sus ramas.

¿Qué será lo que pasa, que no pian ni cantan, ni se dejan ver?

¡Ocurre algo? No salen de sus nidos, no se alimentan no respiran.

La dama de los cuervos

Eva Ma. López Martínez

 

Emprendes el vuelo por el solo hecho de sentirte libre, el aire pega sobre tu plumaje azabache, recorres con tu vista el horizonte. Desde abajo apenas diminuto se percibe la presencia de un pedazo de noche volando cuando ruidoso graznas. Miras desde lo alto y bajas planeando entre las invisibles ráfagas de viento.

Posas las patas en la rama de cualquier árbol o sobre el busto de palas y desde tu posición privilegiada inquieto escuchas el murmullo del ambiente, miras a todos lados, si es difícil conseguir tu objetivo con tu pico buscas algún objeto que te sirva de herramienta para ayudarte a lograr tu alimento, esa inteligencia vista por los humanos sorprende. Hacen experimentos contigo córvido de plumaje negro. Cada vez el hombre queda más fascinado por la destreza y talento. Igual que muchas mujeres, te encantan los objetos brillantes que recoges guardándolos en escondites que solo tú sabes.

Alguien llego a pensar que las aves no lo hacían pero cuan equivocados estaban tú y kea ese diminuto loro de Nueva Zelanda han reivindicado la especie. No solo palomas y todas las voladoras especies de plumajes vistosos con canticos de sonoridad agradable juegan en el espacio sobre la tierra.

Tu parvada omnívora con esa mirada de agudeza que traspasa los objetos a simple vista llega a penetrar en los pensamientos, en los recuerdos. Te haces referencia obligada de la incertidumbre, de lo desconocido. Acompañaste a Odín dios ambivalente de “poesía y la inspiración”. Dos de ustedes Hugin y Munin (“pensamiento” y “memoria” respectivamente), volaban alrededor del mundo traían noticias al dios nórdico de todo lo que sucedía. Plumífero del día y referente de la noche. Si supieran tu vigía del mundo y la galaxia desde tu constelación de corvus.

A través de la historia las costumbres paganas han querido hacer de la paloma la paz  el día, la bondad y del cuervo la noche, la maldad. La paloma que se come a sus crías, el cuervo cuando ya no puede alimentar a las suyas se deja morir para servir de su alimento, cuál de las dos aves desde el punto de vista humano sería más racional.

Fuiste un caballero de los mares, tu imagen plasmada en las banderas acompaño en sus largas travesías a los vikingos, a los guerreros, a pesar de eso, eres un ave sensible haces guardia durante cierto tiempo cuando uno similar muere.

Recuerdas a los de tu especie y a humanos que no has visto durante una temporada, te adaptas a nuevas condiciones del ambiente por eso vives en todas partes, tienes la destreza de seguir un objeto o persona entre una multitud.

Zorro del aire, leyenda de muchos, conocido de pocos. La inteligencia de las aves no podrá ser cuestionada ya nunca más, ya nunca más.

2 comentarios sobre “El cuervo / Por Alberto Calderón P.

  1. Ángel Rafael Granados González

    Exelente relato!!! La inteligencia de los animales y de las aves no tiene precedentes y siempre se creyó que no tenían inteligencia alguna, más cuanto habíamos estado equivocados.
    Felicidades por éste Gran Escrito.

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